Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)
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26 abril 2026

Sin palabra


Mi madre, Ana María, que hoy cumpliría 98 años, pintó este cuadro con 21. Titulado “El camarada perdido”. Es mi favorito de sus óleos. La tristeza, el abatimiento del perro ante la cuna ya vacía para siempre, me hace volver a reflexionar sobre el poder de las palabras y cómo el ser humano ha sido capaz de inventar una para enunciar cada cosa de la existencia. Por raro que parezca.

De modo que, en todo momento, un solo vocablo sirve para expresar una realidad para la que, sin esa exacta enunciación, necesitaríamos una frase entera. Apenas escribiendo “tamo” significamos la “pelusilla que se cría debajo de las camas y otros muebles por falta de aseo”. Y con “mador”, la “ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor”. Increíble.

Y así en todos los idiomas habidos y por haber. Donde el japonés, por cierto, alcanza cotas de expresividad inimaginables.

Y, sin embargo, que yo conozca, hay un solo concepto en el mundo entero, que los humanos, sea cual sea su idioma, se han negado a darle una palabra.

Me refiero a que existe la palabra viudo, y huérfano. Ambas expresan la situación en la que queda el que ha perdido a un cónyuge o a un progenitor.

Pero hay algo tan atroz (y sin embargo tan común) que, aparentemente, en ninguna lengua existe la palabra que nombraría lo inimaginable: al padre que ha perdido a su hijo. No, no existe término alguno que lo defina. No obstante ser una realidad absolutamente reiterada.

En todas las guerras los padres entierran a sus hijos. Y la muerte infantil ha sido y es tan ubicua que, por ejemplo, en Madagascar ni siquiera bautizan a los niños hasta los cinco años. Así, los muchos que mueren antes, no han existido, y no haberlos bautizado es el único modo de sobrellevar la pena. Lo que no se nombra no existe. También en España era habitual poner el mismo nombre al siguiente hijo nacido tras haber perdido al anterior. Intentar por cualquier medio huir de lo más terrible: la muerte de un hijo.

Porque estamos ante un concepto inconcebible, demoledor, que destruye la propia esencia de la existencia humana. Es el hecho contra natura por excelencia y por eso el hombre se resiste a nombrarlo, en un deseo final de que, repito, por no nombrarlo, no exista jamás tal realidad.

Pero existe. Por eso mi madre pintó aquel óleo que hoy me viene a la memoria de hijo huérfano de ella hace demasiado tiempo siempre.

10 noviembre 2017

Benkei

Cuenta Basho, viajero y poeta japonés (1644-1694), que cerca de Hiraizumi visitó el refugio de Yoshitsune, el más amado de los jóvenes héroes medievales (recuerda Marguerite Yourcenar).
Yoshitsune era el hermano menor del primer shôgun de Japón, el jefe supremo militar Minamoto-no-Yorimoto, quien precisamente debía a aquel joven hermano haber alcanzado tal rango de poder.
Como a menudo ocurre, el primogénito, no contento con no agradecérselo, lo perseguía para acabar con su vida. La vista de quienes nos recuerdan nuestra propia infamia se hace tan insoportable que sólo eliminándola pueden sobrevivir los indignos.
Pero lo estremecedor de esta historia no reposa en el atávico odio de un hermano. La verdadera belleza se erige en la leyenda según la cual, cuando Minamoto-no-Yorimoto tendió su emboscada a Yoshitsune, éste fue defendido por su intrépido escudero, Benkei, que murió traspasado por decenas de flechas, quedando sostenido en pie por su propia armadura ensangrentada, sin dejar de proteger el umbral del refugio para que su señor Yoshitsune pudiera entregarse al sagrado ritual del seppuku y alcanzar así la muerte con honor.
¡Ay de aquel que, tras una larga vida, no haya sido capaz de conquistar siquiera el corazón de un solo amigo que, más allá de su propia existencia, defienda la nuestra!


(© Jaime Alejandre, 2017, inédito)

21 febrero 2017

Talleres de Creación Literaria de Jaime Alejandre

Taller de Iniciación: (3 meses: marzo-mayo de 2017).
Horario: los martes de 19:00 a 20:45
Lugar: Espacio para el Arte. C/Carretera de Galapagar, 27, 28250 Torrelodones (a tres minutos a pie de la estación de Cercanías de Torrelodones y del autobús interurbano de Moncloa línea 631).
Mensualidad (matrícula gratuita): 90 euros.
Metodología: Taller presencial teórico y práctico. Profesor principal Jaime Alejandre, escritor y editor.
Participantes: tanto personas que ya sean narradores o poetas como personas sin experiencia literaria previa (recomendado mayores de 16 años). Los grupos se procurará que sean de un máximo de diez participantes y un mínimo de cinco.
Inscripciones en: jaime@jaimealejandre.es o en Espacio para el Arte (Torrelodones).
Ubicación: https://www.google.es/maps/place/ESPACIO+PARA+EL+ARTE+SILVIA+ANEL/@40.5764889,-3.960146,17z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0xd4176255bacda95:0xbc320932302e24bf!8m2!3d40.5764889!4d-3.9579573?hl=en

Taller Avanzado: (Otoño-Invierno de 2017, cinco meses, fechas por determinar).
-         Modalidades: narrativa (relato y cuento hiperbreve) y poesía.
Horario: los martes de 19:00 a 20:45.
Lugar: Espacio para el Arte. C/Carretera de Galapagar, 27, 28250 Torrelodones, Madrid.
Mensualidad (matrícula gratuita) Talleres avanzados: 100 euros
Al finalizar los Talleres Avanzados (narrativa y poesía) se propondrá a Ed. Evohé la publicación de un libro de relatos y de poemas de los alumnos de los talleres, que, en su caso, recibirán dos ejemplares gratuitos.
Otro profesorado: escritores y editores de reconocido prestigio.



Jaime Alejandre
Escritor que desde 1979 ha transitado la práctica totalidad de géneros literarios: narrativa (novela, nouvelle, cuento, cuento hiperbreve), poesía, teatro, infantil, ensayo, crítica, opinión, columna periodística, humor. También desarrolla labores como editor y como activista cultural.
Como escritor ha publicado más de una veintena de libros: las novelas “Fugu”, “Donde sea lejos”, “Hacia las sombras” y “El cumpleaños”; los libros de relatos “El Alfabeto Matemático”, “Manual de Historia Prescindible”, “Bulevares”, “El rencor”, “De entre las ruinas” y “cRuentos”; los libros de poesía “Espectador de mí”, “Palabras en desuso”, “Los Héroes Fatales”, “Autorretrato Póstumo”, “Los guerreros de terracota”, “Derrota de regreso”, “Lo que queda”, “Vértigo Cotidiano (1979-1981)” “… y más allá de mi vida” y “Los versos del Capitán Jaime Alejandre (Antología)”; las obras de teatro “Patera-Tierra” y “Casa con jardín”; el libro infantil “Owané (la niña que cruzó el río)”; y los calambures “Diccionario de NeoloQuismos”.
Ha sido traducido al árabe y al alemán y publicada parte de su obra en Braille y en audiolibros. Algunos de sus poemas han sido interpretados en Lengua de Signos Española. Ha prologado una cincuentena de importantes obras literarias contemporáneas y fue fundador del Centro Español del PEN Club Internacional, habiendo representado a España en el 69 Congreso Mundial de Escritores, México 2003. Ha publicado diversos textos bajo los siguientes heterónimos: Jaime Reis, Rosario Alejo, Jaime Azcona, Jiménez de Jamuz, Guinnevere A. Nash, Stella Petroni…
Como editor es socio de ediciones Evohé, dirige la colección de poesía Hazversidades poéticas, y codirige la de libros de viaje El Periscopio, la de literatura heterodoxa Intravagantes, y la de  grandes autores universales Ultravagantes.
Sus columnas periodísticas han aparecido en Diario16 y su suplemento ‘Mestizaje’, así como en la prensa escrita del Grupo Promecal (Diario de Burgos, Diario de Ávila, Diario Palentino, El Adelantado de Segovia, el Día de Valladolid y Diario de Soria). También publicó en el Centro de Colaboraciones Solidarias (publicaciones en Estados Unidos de Norteamérica y diversos países de Iberoamérica).
Como editor literario cabe destacar que ha recopilado por primera vez tanto la obra integral de viajes de Benito Pérez Galdós en “Viajes de un desmemoriado”, como las crónicas de la I Guerra Mundial de Ramón del Valle-Inclán en “Visión estelar de un momento de guerra: Verdún 1916”. Asimismo ha editado por primera vez en español la obra maestra de Tristan Derème "El pequeño Pataxú" (1929), obra que inspiró "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry.
Es asiduo conferenciante habiendo dictado varios centenares de conferencias de diversa temática: literaria, histórica, política, técnica, social…
Como viajero ha recorrido un centenar de países en cuatro de los cinco continentes. Entre sus viajes destacan: Angola, Namibia (primer español que entró en Namibia como país independiente por su frontera norte, haciéndolo a pie), Botswana, Zimbabwe, Suráfrica, Senegal, Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Malí (recorrió la curva del río Níger desde Bamako a Tombuctú en solitario a pie y en pinaza [canoa]), Kenia, Túnez, Marruecos, Egipto, Etiopía, Tanzania (ascendió al Kilimanjaro, cumbre más alta de África), Burkina Faso, Jordania, Omán (cruzó en dromedario con un solo beduino de guía el desierto Rablat al Wahiba), Siria, Sri Lanka, Islas Maldivas, India, Nepal, China, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, Perú, República Dominicana, Chile, Brasil, Bolivia, Colombia, Argentina, Uruguay, Ecuador, Paraguay, Alaska, California, Canadá, Rusia, Unión Europea, Andorra, Suiza, Serbia, Chipre del Norte…
Ha practicado paracaidismo, alpinismo y submarinismo. En la actualidad compite en carreras de montaña y ultrafondo.
En el ámbito laboral ha trabajado en medio ambiente y desarrollo sostenible, derechos humanos de las personas con capacidades diferentes, y foros de paz y desarme, en España, Angola, Países Bajos y Dinamarca. Trabajó para Naciones Unidas en la misión Unavem-II (Lubango, Angola). Es socio de WWF y de la Fundación Energías Renovables.
Es Diplomado en Altos Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y Experto en Defensa Nacional por la Universidad Rey Juan Carlos. Es Profesor del Máster in International Relations de la Universidad Alfonso X “El Sabio” & BERG Institute, del Máster de Acción Solidaria Internacional de la Universidad Carlos III, y de  la Sociedad de Estudios Internacionales.
Habla español, inglés, portugués y francés y tiene nociones de árabe y de lengua de signos española.
Está en posesión de la Medalla de la Paz de Naciones Unidas y de la Cruz de la Orden del Mérito Militar con carácter extraordinario.
Publicaciones literarias.
 Libros de narrativa
  • ‘Fugu’ (novela), Ediciones Libertarias, Madrid, 1994. ISBN 978-84-7683-318-6
  • ‘Bulevares’ (cuento), Fundación el Monte, Sevilla, mayo 1997. ISBN 978-84-89777-07-1
  • ‘Manual de Historia Prescindible’ (cuento breve), Ed. Huerga & Fierro, Madrid, mayo 1997. ISBN 978-84-89858-05-3
  • 'El Alfabeto Matemático' (cuento), Sial 2000. ISBN 978-84-95498-23-6
  • 'Donde sea Lejos' (novela), Ed. Huerga & Fierro, Madrid, mayo 2003. ISBN 978-84-8374-401-7
  • ‘De entre las ruinas’ (relato y poesía), Ed Sial, 2007, ISBN 978-84-96464-53-7
  • ‘El rencor’ (cuento), Ediciones Amargord, 2007, ISBN 978-84-87302-44-0
  • ‘Hacia las sombras’ (novela), Ed. Sial, 2009, ISBN 978-84-95140-77-7
  • ‘Owané (la niña que cruzó el río)’ (infantil), Eugenio Cano Editores, 2010, ISBN 978-84-936709-5-5
  • ‘cRuentos’, (cuento breve), La espada en el ágata, Ed. Polibea, 2015, ISBN 978-84-86701-88-8
  • ‘El cumpleaños’, Ed. Evohé-Intravagantes, 2015, ISBN 978-84-15415-77-0
 Libros de poesía
  • ‘Espectador de mí’, obra cultural de la Caja de Ahorros de Palencia, 1987. DL P-270-1987
  • 'Los Héroes Fatales', Libros de Letras, 1998.
  • ‘Palabras en Desuso’, Ed. Huerga & Fierro, Madrid, abril 1998. ISBN 978-84-89858-96-1
  • 'Autorretrato Póstumo', Sial 2001. ISBN 978-84-95498-36-6
  • ‘Los guerreros de terracota’, Ediciones Smara, 2004. ISBN 978-84-933429-2-0
  • ‘Derrota de regreso’, Ed. Huerga & Fierro, 2005. ISBN 978-84-8374-529-8
  • ‘De entre las ruinas’ (poesía y relato), Ed Sial, 2007, ISBN 978-84-96464-53-7
  • ‘Lo que queda’, Colección Signos, Ed. Huerga & Fierro, 2012, ISBN 978-84-8374-274-7
  • ‘Vértigo cotidiano 1979-1981’, El Levitador, Ed. Polibea, 2013, ISBN 978-84-86701-67-3
  • ‘Diccionario de Neoloquismos’, Huerga&Fierro editores, 2015, ISBN 978-84-944120-4-2
  • “… y más allá de mi vida”, Editorial Cuadernos del Laberinto, 2016, ISBN 978-84-944752-8-3
 Obras de teatro
  • Patera-Tierra’ (teatro), Ed DosSoles, 2007, ISBN 978-84-96606-25-8.
  • ‘Casa con Jardín’ (teatro), Ed DosSoles, 2007, ISBN 978-84-96606-25-8.
 Premios literarios
·         Premio Guadalajara de poesía 2010.
·         Finalista seleccionado del Premio Nadal  de novela 2008.
·         Accésit Premio Internacional Laureá Mela 2003 de poesía.
·         Premio Internacional de Narrativa de la Sociedad Internacional de Amigos de la Literatura, 2000.
·         Premio Internacional de Poesía (accésit) de la Sociedad Internacional de Amigos de la Literatura, 2000.
·         Premio de Narración corta Ariadna 2000.
·         Accésit del IV Premio ‘Alberto Lista’ de Narraciones Breves, Sevilla, 1996.
·         Ayuda a la Creación Literaria (novela) 1988 del Ministerio de Cultura.
·         Premio extraordinario en el Concurso Internacional de Poesía ‘Jorge Manrique’ 1986.
·         Accésit en los Premios de Poesía ‘Juan Ramón Jiménez’, Madrid, 1981 y Editorial Vox, 1981.
Enlaces del autor

25 mayo 2016

Presentación de "...Y más allá de mi vida"

Presentación del libro de poemas “… Y más allá de mi vida” (Ed. Cuadernos del Laberinto) de Jaime Alejandre, 24 mayo 2016.

… la poesía de amor sufre hoy un desprestigio, ridículo a mi modo de ver. Sólo la tristeza parece poética en la posmodernidad. Será cuestión de las sombras que produce la elevación a la categoría de Dios Omnipotente del Relativismo cuya única fe verdadera es dudar de todo… Frente a la iluminación que habita en el amor. Pero es normal que el amor no genere tantas adhesiones como su especular y trágica imagen, el desamor, porque, como recuerda Erich Fromm “las personas capaces de amar en el sistema actual, constituyen por fuerza la excepción y hacen que el amor sea inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea”. Y eso que, sin embargo, “el amor es la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana”.
No obstante hay que reconocer que buena parte del desprestigio de los poemas de amor se lo han ganado ellos mismos a pulso por sobredosis de almíbar y empalago…
… hay quien dice que el amor es una enajenación mental transitoria. Se equivoca. O se confunde con otra cosa. El amor verdadero transforma la realidad con un efecto duradero, sereno y firme. Por eso he elegido para invitar a la lectura del libro el anónimo adagio latino que dice: hieme et aestate, et prope et procul, usque dum vivam et ultra (en invierno y en verano, de cerca y de lejos, mientras viva y más allá de mi vida).
Así es, el amor auténtico transforma la realidad con un efecto duradero. Si no fuera así no habríamos sabido de la pasión que unió a Aurora y Titono, a Dido y Eneas, a Shakespeare o Cernuda con sus respectivos amores, aunque fueran secretos.
Precisamente porque el amor verdadero, el que se erige imbatible frente a las miserias de lo efímero,  es el de largo aliento. Ya lo dijo Benedetti, uno de los pocos que se atrevió a publicar poesía amorosa:

“Después de todo qué complicado es el amor breve
y en cambio qué sencillo el largo amor
digamos que éste no precisa barricadas
contra el tiempo ni contra el destiempo
ni se enreda en fervores a plazo fijo
el amor breve aún en aquellos tramos
en que ignora su proverbial urgencia
siempre guarda o esconde o disimula
semiadioses que anuncian la invasión del olvido
en cambio el largo amor no tiene cismas
ni soluciones de continuidad
más bien continuidad de soluciones…”.

… en mi caso, tras una infructuosa búsqueda, en la más oscura confusión vital, en el momento en el que tuve la fortuna de conseguir convertirme en mí mismo (“Ojalá llegues a ser el que eres”, dijo Píndaro), fue cuando encontré este amor. Por ello celebrar tal hallazgo, tal plenitud se ha convertido en algo de asombrosa naturalidad en mi poesía en la que los versos fluyen intensamente. Celebrantes y siempre dedicados al amor real, amor desposeído de impostada perfección, amor maduro, consciente de sus límites, sabedor de que no se vive impunemente, y el pasado y las heridas se encaraman siempre a nuestro hoy.

Celebración


         Hoy bendigo
                                      tus enfermedades.
Y las mías.
La vida, la vida entera
es una gozosa enfermedad.
Si no lo fuera, si estuviera
encerrada en la asepsia de un laboratorio,
sin contagios, sin heridas,
siempre envuelta
en las estériles gasas de lo inane;
si no se doliera a cada paso,
pérdida, caída;
si no se reventara
con todo cuanto encuentra
que la colma;
si no tropezara, mirara para atrás,
y aún al contemplar
pedazos de sí rotos,
siguiera hacia adelante
sabiendo que reír, llorar
son una misma cosa, la pasión;
si no encontrara, extraviara,
hallara, abandonara;
si no sanara y se rompiera…

la vida no sería
más que una imagen
muerta en la vitrina
de un museo
que nadie jamás visitará.

Pero más importante aún que este primer poema anunciando un libro de celebración serena de la gozosa realidad, no del quimérico sueño, está la dedicatoria, que he puesto al final del libro mismo, a Marga, evidentemente y por dos motivos concretos fundamentales, a Marga, salvífica y sanadora.
En efecto, a mí como a Fernando Pessoa me sucedía lo que él escribió: “hace mucho vivo olvidado de quien soy. Por un adormecimiento oblicuo, he sido otro. Sufrí un ligero desvanecimiento en mi vida. Vuelo en mí sin memoria de lo que he sido. Existe en mí una noción confusa, un esfuerzo fútil de una parte de la memoria por querer encontrar la otra parte. Si he vivido me olvidé de saberlo…”
Pero tras el encuentro inesperado del amor cambió ese desconocerme y recordé que también había dicho Pessoa que “para ser feliz es preciso saber que se es feliz”. En ese sentido precisamente descubrí que este libro mío es esa conciencia ahora compartida con todos de ser feliz.

Yo te busqué, te habría buscado
en cada una de mis muchas
autodestrucciones, mis miserias
sin esperanza alguna. Y con descrédito.

Entonces comprendí: no habías llegado
a nuestras vidas para rehacerlas como suelen
aquellos que naufragan pasados los cincuenta.
Tan sólo para serme a mí llegaste,
para hacernos ya, unánimes, comunes.

Así por ti acepto
la vida y mis errores
con la olímpica
naturalidad de los domingos.

Así vivo una felicidad única e intensa en la actualidad, una confianza a pecho descubierto en mí mismo y en quien amo, que permite dejar las corazas, blindajes y armaduras para que se oxiden en ese desván al que uno jamás regresará a por ellas. Por eso me siento alegremente desbordado. Porque el amor auténtico tiene siempre algo de desmesura, de no guardarse nada, de no escatimar lo más mínimo. El amor verdadero es más cigarra que hormiga, jamás ahorra emociones, las consume con entusiasmo. Pero porque sabe que son inagotables, renovables como el viento, el sol y las mareas.

                          Entraste al corazón sin la violencia
que roba; con la paz que ofrece.
Deshiciste mi cama de ataúd.
Cambiaste mis sábanas mortaja,
húmedas sábanas de las peores
lágrimas que hay, las no lloradas.
Me cubriste literal-
mente de risas y de luz.
Me levanté, más lázaro que cristo,
para andar tu milagro, el sacrificio,
incruento, al fin, de ser felices.

… en mi obra poética anterior transité los clásicos temas de la lírica tradicional española: origen y destino, muerte y brevedad de la vida, ironía y desengaño de la realidad, en definitiva el sentimiento trágico de la existencia. Ello en un empeño por la obra total, que aspira a la trascendencia. Pero ahora he querido entregarme a un libro que explora la simplicidad de una emoción que merece ser celebrada. Aunque sólo sea para desmentir a Schopenhauer que citaba a su vez a La Rochefoucauld diciendo que “con el amor apasionado sucede como con los espectros, que todo el mundo habla de él y nadie lo ha visto”.
Yo lo he visto, lo veo cada día:

         “Me muero de amor”, dicen,
los que sólo festejan lo que duele.
De envidia, o de ganas,
por ir o por volver,
se mueren. También por ignorar
la felicidad de aquellos que se cruzan.

Yo me vivo
de amor por ti, me vivo
de vivirme y que mi cuerpo
sea vuelo con el tuyo.

Muéranse de lo que quieran los que quieran
sin quererse, ni saber ser luz o aire,
dulzura inalcanzable.

                       Yo me vivo
de amor por ti y a ti te entrego
el don del que invirtió
sus jornadas, su camino
en la empresa de crecer
porque la luz del mediodía
oculta las sombras siempre bajo
el mismo ser que las proyecta.

Tú mi anticiclón
de las Azores, toda sol
trópico me vuelves,
agreste floración de los milagros.

Y porque lo he visto y lo veo, habito una iluminación que desoye con tenacidad los ecos de la tristeza:

         Hay quienes tachan días
con cruces en los calendarios.
Y no es casual que sean cruces.
Y sienten que perdiendo se liberan.
Porque para ellos es un día menos,
aunque no saben para qué.

Yo, que te amo, no tacho
los días, los construyo, y marco
con un círculo de luz
el que ha pasado, para verlo
bien de lejos, como un faro.
Como un faro donde yo nos reconozca
y sepa a dónde bracear.

         Hay quienes borran días y “uno menos”
se dicen neciamente, ufanos
de su hallazgo ruin de la tristeza.

Yo los marco con colores y “otro más”
me digo con soberbia de proscrito
al que el muro de la cárcel jamás puede
arrebatar la libertad de un alma indomeñable.

         Hay quienes arrancan
las páginas del calendario y las arrojan
al fuego que desbarata lo vivido
para que no siga haciendo daño
la nada que en la nada contenían.

Yo guardo cada hoja, cada pliego
con la unción del porvenir
como el constructor de la escalera sabe
que no existe la escalera sin peldaños.

         Hay quien dice que sus días son ceniza
y se sienten aliviados cuando sopla
el viento final de sus deseos
llevándose en el aire cuanto hubo.

Yo mezclo con sudor esas pavesas.
Amalgama son entonces del compacto,
del sólido edificio de una vida
que nunca se acaba y persevera.

         Sí. Hay quienes tachan, arrancan,
queman, borran, se desviven.
Pero yo me construyo. Y permanezco.

Pero hay que recordar que el amor no es algo que se siente y nada más, sino algo que se trabaja. La pasión efímera, la que dura un solo día, esa se cuida (y descuida) por sí misma y se agota y extingue también en sí misma. Pero el amor de largo recorrido, cuando se encuentra con tristezas amenazantes, con desconfianzas y malentendidos, entonces, si es amor sereno, se pone a trabajar. El amor no se corresponde con lo automático e irreflexivo (por impulsivamente apasionado que sea) sino precisamente con lo volitivo. La voluntad de amar.

         Te vi quemar las naves del pasado
y proponerme
descubrir para nosotros
un océano pacífico tan ancho
como es todo el porvenir,
que inunda de color tus decisiones.

Te vi quemar las naves, proponerme
descubrir que somos nuestros,
darnos cobijo, darnos sombra,
darnos nombre y alcanzarnos.

Sea la paz, la hemos ganado.
Ancha, inabarcable es la felicidad
la unción de quienes somos.

Dice Erich Fromm: el amor infantil sigue el principio “amo porque me aman”; el amor maduro obedece al principio “me aman porque amo”; el amor inmaduro dice “te amo porque te necesito”; el amor maduro dice “te necesito porque te amo”.
De este concepto de amor es del que habla mi libro, porque el amor verdadero, a ciertas edades, no sólo nos emociona sino que nos salva y nos sana. Este libro recoge mi experiencia personal sanadora y salvífica, profunda como una sonda oceánica, en esta ocasión el amor de largo aliento y enfebrecida serenidad, único antídoto contra las miserias del paso del tiempo.

         El año que dejé de tener edad
fue el que llegaste a mí y desbarataste
el paso insidioso de las horas.
De tal amor llenaste el tiempo
que no pudo avanzar y se detuvo.
Demasiada la carga, tanto el peso
que no tuvo fuerzas más para marcar
las horas, la ceniza, su trascurso.
El día que muramos aún tendremos
la edad que detuvimos al besarnos.

Pero todo ello, insisto, celebrando un amor real, tangible, expuesto a los avatares de la intemperie. Así, cuando llegan los días complicados, trágicos a veces, los días de los desencuentros, algunos piensan que lo principal es “recuperar” a la persona amada, volver a enamorarla, pero eso jamás se consigue sin que precisamente se recupere uno antes así mismo, se enamore uno a sí mismo. Porque amar es asumir, no “aceptar”; amar no es “tolerar” sino incorporar; amar no es transigir sino celebrar la diversidad de quien amamos:

         Sabes a tabaco y a café,
y a lo prohibido conquistado
por hombres que altos se rebelan
contra dioses que inventan infortunios.

Sabes al silencio de los montes
y al regalo de los árboles meciendo
la sombra que te aguarda con su sed
olvidada ya, que todo es agua.

Sabes a la luz que desbarata
y al porvenir tan promisorio
que va envuelto en horas y paisajes
dispuestos al azar, y no al olvido.

Sabes a ti, y a mí tú sabes,
que es uno el cuerpo, una la vida,
alcanzada al fin la plenitud
de ti, de mí, que prevalece.

Lo dicho, siendo como soy yo, siempre descomedido, este amor que aquí pongo en palabras, tiene un mucho de desmesura, de no guardarse nada:

         Hoy, que no te he visto,
cojo este domingo
con todos sus alardes,
sus muchachos corriendo en los jardines,
sus maridos en limpieza general,
sus novios yendo al cine,
sus estadios y forofos;
con todos sus helados,
sus barcas, sus estanques,
sus manteles de cuadros y hamburguesas,
sus cometas, sus promesas y sus misas;
y hoy, hoy que no te he visto,
cojo este domingo,
lo envuelvo en un vulgar papel de estraza
y hasta le pongo un cordelito,
me voy con él a un cementerio,
que es cosa, también, de los domingos,
y lo entierro junto al prescindible
almanaque de los días
que yo no estoy contigo.

En fin, el amor es uno de los pocos acontecimientos esenciales de nuestras vidas de los que nos “acuñan”. Como si fuéramos monedas. O sea, nos hacen reconocibles por la efigie del anverso; y a la vez nos confieren un valor pecuniario en nuestro reverso. Por eso….

         El día que detuve el tiempo.
El día que detuve el tiempo
no hubo noticias que anunciaran
al mundo lo ocurrido.
Y fue mi mano,
hoja de arce caída sobre tu sexo,
quien lo detuvo. El tiempo.

Si al tiempo lo hubieran detenido
otro Holocausto, una y mil guerras,
la hambruna que no cesa,
un mundial de fútbol o la crisis,
las corrupciones de los avariciosos.

Si al tiempo lo hubieran detenido
ellos, sus miserias,

entonces todos los periódicos,
las televisiones todas de este mundo
lo habrían proclamado en las portadas.

Pero como al tiempo lo detuvo
mi lengua en tu boca, mis ojos
en tu espalda, mi vientre contra el tuyo,
entonces el mundo, unánime y herido,
miró hacia otro lado y se hizo el loco.






07 abril 2013

Música y poesía


Distinguían los griegos entre “techne”, el conocimiento propio de los artistas plásticos, y “sophia”, el conocimiento de los poetas y los músicos.

Así que este próximo viernes día 12 a las 1930 horas en la librería Rafael Alberti de Madrid (calle Tutor 57) compartiremos con todos vosotros algo de “sophia”, música y poesía:

Fernando Marín y yo mismo, (a la sazón en esta ocasión en el papel de mi heterónimo Jaime Alejandre) haremos un recital conjunto de música antigua (con lira de gamba) y poesía de mi último libro “Lo que queda” (Colección Signos, Ed. Huerga&Fierro).

Fernando Marín Corbí, es un destacado violagambista y violoncelista  especializado en instrumentos de arco del Renacimiento y del Barroco, interpretación histórica y música de cámara.  Especializado en música del renacimiento, su proyecto musical incluye un exhaustivo trabajo de investigación de este repertorio, que se completa con la construcción de instrumentos realizados a partir de las fuentes históricas caracterizándose por el uso de cuerdas de tripa, algo extraordinario y que demuestra su amor por la autenticidad, pues así consigue sonidos ricos en matices en los instrumentos de arco antiguos.

Entre sus grabaciones discográficas destacan, la obra polifónica completa de Juan Blas de Castro (1561-1631), The 2nd booke of songs and Ayres de Robert Jones (1601), La vihuela de Arco en la Corona de Aragón, Each Lovely Grace: The second booke of Ayres de William Corkine (1612)

El sello Quartz publicó su primer CD en solitario;  “eVIOLution”, donde sondea los orígenes de la viola da gamba. Y recientemente ha publicado un nuevo CD “sCORDAtura” con una cuidadosa selección de piezas de música antigua que incluye obras de J. S. Bach, A. Ferrabosco o D. Gabrieli, que nos interpretará este viernes.


Os invitamos a una velada distinta que esperamos que os emocione. Salud.


         El amor que fue entregado
en un descuido.
                            En un descuido
el azar se vuelve adverso.

         La felicidad inmerecida
que a tu puerta llama.
                                      A tu puerta aún
pueden llamar la tristeza y el desastre.

         Toma cuanto llegue
la hora en que te llegue.
No otra verdad sino que todo
cambia. Y al fin desaparece.

                (De “Lo que queda”, Jaime Alejandre)


Sobrecogimiento

(A Simón Arriaga, incólume)

Sumiso he marchado
cargando mi maleta,
mi propio equipaje
por mi propio pie.
Paciente y sometido.

¿Por qué no me debatí,
por qué no me resistí?
¿Qué esperanza me engañó?
¿Por qué no me llevaron
Maniatado, a rastras y por qué
no elevé jamás una protesta?

Y ni siquiera unos soldados,
un armado pelotón definitivo,
fue aquel que me condujo
sino apenas las tropas de mí mismo.

¿Qué obediencia devida me redujo
al escombro que ahora soy,
al desterrado de quien fui?
  
                (De “Lo que queda”, Jaime Alejandre)

12 junio 2012

Los Vencidos, de Ricardo Ruiz

Queridos amigos, os anuncio la aparición de otro poemario indispensable de nuestro gran poeta (y futuro Hazverso en 2013) Ricardo Ruiz (el tipo este que sale en la foto de aquí al lado con aspecto de imprescindible referente ético y moral para un mundo en naufragio urgente): "Los vencidos", Ed. Devenir.
Ricardo, una vez más, ha cuajado un libro sin concesiones del que yo particularmente me siento parte consustancial de cada una de sus palabras. Desde el título, inmejorable, hasta el colofón está repleto de contundencia, sabiduría, lirismo e imagen. Pocos son los escritores con el talento y la sensibilidad suficientes como para entender el mundo en que se vive (mundo público y peripecia privada, también) y transmitirlo en unos versos universales. Ricardo es uno de esos pocos escritores.
Libro de una contundencia poco frecuente y una contención abrumadora. En él es capaz Ricardo de incluir un poema que tiene un sólo verso aunque en ese verso incluye todos los que en la Historia se han escrito: "La vida no dura toda la vida".
Este libro ahonda en la espesura del viaje vital de Ricardo que empezó en "Kilómetros de nostalgia" (2000) y que pasando por "Tatuajes" (2002) y "Estación lactante" (2006) había desembocado en esa joya "El hombre crepuscular" (2009) (todos ellos en Devenir, afortunada editorial que cuenta con tamaño poeta). Y de ese periplo personal y compartido trasciende a la existencia de todos y cada uno de nosotros hoy y siempre.
Al fin y al cabo es éste un libro de y para los Vencidos que sin embargo no son derrotistas...

Me permito ahora trascribiros la presentación que del libro de Ricardo hizo Rodrigo Pérez Barredo el mes pasado en Burgos y que expresa mejor que yo sin duda el valor de este libro: Hoy estamos aquí para presentar un libro importante. Importante por muchos motivos. Los vencidos es esencia y resumen de toda una obra, de la trayectoria, me atrevo a decir impecable, de un poeta que es desde hace mucho tiempo imprescindible. Aunque este libro tal vez sea el más furioso, sin duda el más moral, encierra las coordenadas que han marcado su voz, los cimientos sobre los que el poeta ha sustentado su obra. Una obra que cautiva primero desde el lenguaje: este poeta se ha obsesionado tanto por su economía y desnudez, ha depurado tanto la expresión, la ha adelgazado con tanto talento que uno de sus grandes hallazgos, por inasible, ha sido el silencio. Es el suyo un lenguaje exacto, preciso. Quienes trabajamos con palabras sabemos que no hay forma más difícil de escribir que esa, con sencillez. Ricardo ha hecho de esa máxima su sello de estilo. Lleva años diciendo tanto con tan poco...

El poeta sabe, como Borges, que “sólo una cosa no hay: el olvido”. Y sólo hay una medicina contra el olvido, que es la memoria, pilar esencial en la obra de Ricardo. La memoria porque somos memoria; porque todo es memoria. Y la memoria es recorrer kilómetros de nostalgia. “Te quiero -dice el poeta- casi tanto como te recuerdo”. Y en ese cántico, que es tantas veces clamor, ya se asume la derrota de manera anticipada; y ya, desde el principio, con intachable dignidad, con admirable decencia. Ya es demasiado tarde, escribe Ricardo, para perder lo que nunca tuvimos. Demasiado tarde. Pero no lo dice un hombre vencido, no lo dice un poeta marcado con el estigma de un fracaso. Lo dice un hombre que se sabe mortal, que lleva siglos admitiendo que sólo se es pleno en el silencio; un hombre que lleva toda la vida habitando el vacío, acariciando las cosas innombrables, despojándose de todo para adentrarse desnudo en el mar de su destino.
Hay, a menudo, fatalismo en su discurso poético, un sentimiento de desposesión inevitable porque el tiempo es el enemigo, el que nos devora, el que nos van hurtando los sueños. La reflexión que sobre el paso del tiempo nos ha regalado Ricardo a lo largo de toda su obra es excepcional, y está tan medida, tan filtrada, que no puede evitarse el estremecimiento. Ha vertido en esa reflexión toda la angustia, una carga de existencialismo que, en tono elegíaco, deslumbra por su condición certera. Esa reflexión es un fogonazo en el que hay, decíamos, derrotismo, pero también asombro, perplejidad, desde luego incertidumbre, pero también resistencia. “Un día abrirás los ojos al invierno para comprobar que nadie te venció pero nunca ganaste la batalla”. Hay amargura también, pero también ternura. Tiene este poeta unos versos impagables que acreditan esta última afirmación. Con dedicatoria a su hijo Álvaro escribe: “En tus ojos saltan los peces del gran río de la vida”. Son versos demasiado hermosos para no intuir cuánto dolor hay tras ellos, cuánto de feliz lamento tienen, porque aquí el hombre se enfrenta a la fugacidad de la vida a partir del brillo poderoso que emite quien tiene todo el tiempo delante; alguien que es una extensión del primero, que es su carne, que tiene una parte de su alma.
Y llegamos al amor, un territorio expresivo que el poeta atraviesa siempre con apasionamiento, a pecho descubierto. Una evocación del amor que siempre está transida de sensualidad, donde el deseo palpita con el rugido de la sangre pero en la que también hay dolor, frustración, nostalgia. Por eso ruge, por eso se desliza -y recurro aquí a la terminología que siempre emplea al poeta- por los muslos de la vida, que ha sido filtrada a través de los labios del destino con boca, lengua y saliva, símbolos todos ellos que definen al poeta en esta intimidad. Hay evocación animal, puramente instintiva “Desnúdate, no perdamos tiempo hablando del amor”, escribe. También remembranza melancólica, definitiva: “Del amor regresas vencido, abandonado, enamorado. Tan lleno y tan vacío”. Amor acechado siempre por la condición azarosa de la vida y del tiempo; sometido a desgastes y trampas, ajado por la letra pequeña de los días, las urgencias, las miserias en las que tantas veces nos reconocemos. Pero amor con mayúsculas, amor de amante voraz que necesita ser amado con el mismo apetito. Y que añora con una voz antigua, que a veces es un grito, el deseo. Que clama desesperadamente contra la pasión que se extingue. “Con algo. Ámame. Al menos con tus ojos”.
Y está el hombre. Ese poeta que se enfrenta a sí mismo. A todos sus fantasmas. Un hombre que observa cuanto le rodea, que escruta la realidad de lo que es, de lo que somos, de la manera más pura y valiente, que es afrontándolo solo. Un poeta ante el vasto horizonte del futuro incierto. Un poeta en los límites del vacío, al que no agota el sufrimiento y explora en su ser, doliéndose. Un hombre consciente de su inmensa fragilidad. “Hay días que hasta la soledad me deja solo”, escribe en Los vencidos. Es un poeta escéptico, que rechaza toda contaminación, que se aferra al único asidero posible: la dignidad. Y que acepta lo que es aun cuando no sea como imaginaba. Un tipo solitario. Un lobo que aúlla. Muchas de las referencias icónicas de sus últimas obras son esclarecedoras a este respecto. El poeta se presenta solo en territorios reconocibles que beben de un cine y una literatura concretos para habitarlos como aquellos personajes desesperanzados, seres humanos que emanan piedad; que, como escribe el poeta, saben que” la vida es el aprendizaje de la despedida”.
Me gusta mucho mirar ahora a Ricardo. Es, definitivamente, un hombre tranquilo. En paz. Todo lo que es ya lo ha escrito. Todo lo que soñó un día. Todo lo que ha vivido. Es John Wayne mirando el horizonte en Centauros del desierto. Ese hombre que ha exorcizado sus demonios interiores desde la más profunda soledad. Que los ha combatido con honestidad y audacia, sin ningún temor al abismo, en una lucha cuerpo a cuerpo que le ha llenado de cicatrices; heridas que, él lo sabe, le morderán siempre, porque no se puede extinguir todo el dolor cuando se ha vivido furiosamente. Hoy es Ricardo un hombre que se está observando a sí mismo desde un lugar lejano. Es un poeta cuya voz no es sólo inconfundible, sino que es importante y necesaria, porque su eco trasciende y las palabras son zarpazos, disparos a la conciencia y al corazón de un tipo lúcido, descarnado y tierno a la vez. Terriblemente humano. Un hombre que tiembla. Pero también un hombre que se sigue muriendo por vivir.

Apenas para abrir la boca de vuestros espíritus y corazones, os transcribo tres poemas:

POEMA PRÓLOGO

Los vencidos duermen en las ramas de los árboles.
Los vencidos caminan sobre las aguas del desierto.
Los vencidos hablan verbos de silencio.
Los vencidos extirpan el corazón de los tiburones.
Los vencidos arrancan las alas de los cuervos.
Los vencidos regalan a las bestias su ternura.
Los vencidos arden en el fuego del paraíso.
Los vencidos juegan a la ruleta rusa de la felicidad.
Los vencidos dibujan sueños con la tinta de la noche.
Los vencidos construyen castillos de arena en las playas del infierno.
Los vencidos disparan balas cargadas de memoria.
Los vencidos bailan eb la cuerda floja de la vida.
Los vencidos esconden caramenlos en los bolsillos del corazón.
Los vencidos conservan la dignidad de la derrota.


En otra edad fui un hombre afortunado.
Amé la vida y la vida me amó en ocasiones.
Amé mujeres que también me amaron.
Bailé y canté hasta el amanecer de mis huesos.
Coleccioné sueños como los piratas tesoros.
Hoy soy el hombre cansado de jugarse la vida
a los dados esquivos de la felicidad,
de perseguir mi destino en busca de El Dorado.


Un día abrirás los ojos al invierno para comprobar
que tus hijos se han hecho a la mar
que la noche te agarra por el cuello
que el amor dejó de mirarte a los ojos
que en tu corazón sólo se oye el eco de un viejo tocadiscos
que el viento de la tarde arrastra tus sueños como frágiles hojas de otoño
que nadie te venció pero nunca ganaste la batalla.

Querido Ricardo, enhorabuena con toda mi envidia. Y por una vez, sin que sirva de precedente, envidia sana de quien se sabe hermano tuyo en esto de ser quienes somos. jaime alejandre