Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

27 agosto 2013

Desahucio


La poeta italiana Ada Negri (1870-1945), en su primer libro de poemas, Tempeste (1891), contaba la irresoluble tragedia de los desheredados, los pobres, los olvidados… tristemente de actualidad más de cien años después, incluyo aquí su poema “El deshaucio”, destacando su final, cuando las pobres pertenecías de los desahuciados pueden también convertirse en “el principio de una barricada”
Como en la película “Las nieves del Kilimanjaro”: en una empresa el sindicato realiza un sorteo para elegir a los 20 obreros que se sacrificarán siendo despedidos para mantener la empresa y el resto de empleos de los trabajadores. Parece la solución más justa. Pero uno de los despedidos piensa que habría otras soluciones antes que la de aceptar sumisos la situación, el sistema, la realidad impuesta como una verdad única. Entre las más rebeldes e imaginativas propuestas de este obrero también está la de “quemar la empresa”… “el principio de una barricada”

Parece que ya no haya otra forma de vivir dignamente en nuestros días que rebelarse por fin sin medias tintas…

Miseria. El alquiler no fue pagado;
y en desorden, en medio de la vía,
aquel montón de muebles fue tirado…

El desahucio parece una agonía.

Llueve; y el aguacero encharca el suelo,

y moja el carro y muebles carcomidos
revueltos con andrajos y vestidos…

hay en el carro un corazón en duelo.


Y piensa el lecho en el amor pasado
que dio vida a dos hijos sin ventura,

creados para el hambre y la amargura…

¡Oh, del tugurio amor desventurado!

Y parece decir con hondo grito:
“¿Con qué derecho la esposa malnutrida

da vida con un ósculo a otra vida?
El amor para el pobre es un delito.”


Bajo la lluvia cruje el carro. El diurno
fulgor se va apagando; arrecia el frío...

Va un obrero detrás, mudo y sombrío,

adusta la mirada, y taciturno.

Junto a él, su mujer, de faz doliente,
y sus dos hijos, que con hambre lloran...

¿Adónde van? ¿Adónde irán?... Lo ignoran,

y el agua los azota horrendamente.

Un gran dolor, como protesta airada,
de los cuatro se observa en el semblante.

y parece crujir amenazante

en aquella miseria amontonada.

Y aquel carro que obstruye la encharcada

y angosta calle, en tanto que anochece;
esa miseria que se va, parece

como el principio de una barricada...


(Traducción basada en la realizada en 1925 por Ismael-Enrique Arciniegas)

(Fotografía Ada Negri en www.siamodonne.it)