Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

05 julio 2015

Bienvenida sea la justicia (poética)

Sí, bienvenida sea la justicia poética. Por fin, tras años de saberse por doquier, ha habido una especie de pequeña revuelta internética contra la corrupción literaria. La de la poesía en concreto.
Nunca es tarde si la dicha es buena y da lo mismo el origen y acicate para la rebelión de los poetas.
Me refiero a la demanda así llamada precisamente “Justicia poética” movilizada en change.org en relación con "los responsables del Área de Cultura de ayuntamientos, diputaciones provinciales y otras Administraciones Públicas" que patrocinan diversos premios de poesía a través del agente “instrumental” de la editorial Visor.
Curiosamente el detonante (por fin) de esta vírica demanda, la de acabar con corruptelas bien conocidas, han sido las declaraciones misóginas e ignorantes de Chus “Visor”.
No son ganas de reivindicar tardíamente a los que (Ricardo Ruiz, Pedro Olaya, Jaime Reis, yo mismo...) ya habíamos denunciado públicamente el caso más grave. Pero bien está entre escritores poner algún punto sobre su i. Porque grave es la discriminación negativa de las mujeres poetas hecha patente por ese patán-te, pero mucho peor es la corrupción relacionada con los presupuestos y dineros públicos. La opinión personal de ese editor ha de importarnos un guano. Otra cosa es que su opinión se imponga mediante camarillas de personas interpuestas y las mujeres de España tengan aún más difícil ser reconocidas también en la poesía y los dineros públicos incurran en prevaricación de algunos jurados.
Y en relación con esto último me permito reiterar aquí lo que ya publiqué hace tres años (“Antología de Poetas Hazversos. Crisol 2012. Ed. Cuadernos del Laberinto):

“…cuando la corrupción arrasa las conciencias y la honorabilidad por doquier de la vida social y ciudadana hispánica, han aparecido dos hombres, dos escritores (Ricardo Ruiz y Pedro Olaya), cada uno de su propia, única y unánime pieza alzando al unísono sus voces en la prensa para denunciar que la putrefacción también afecta al mundo literario, con especial inquina en la lírica. Algo que todos los poetas y críticos y cátedros (y buena parte de los lectores) sabíamos; algo que en estos mismos Crisoles Hazversos Jaime Azcona o Jaime Reis han hecho público año tras año. La diferencia es que lo denunciado por estos jaimes no salía del propio entorno de poetas y lectores de poesía y con muy limitada difusión, publicado en ediciones para bibliófilos. Pero lo que han desvelado Ricardo Ruiz y Pedro Olaya lo han hecho en la prensa, y por ello ha tenido importante repercusión mediática y ciudadana: la corruptela por la que el premio Ciudad de Burgos, presidido por Luis García Montero (LGM), ha premiado a un poeta, compadre granadino de éste y elemento de la cuadra Visor, que no había sido preseleccionado. O sea que alguien indebidamente y con anterioridad a la reunión del jurado conocía el título, el lema y el autor y exigió “rescatar” de los no seleccionados ese libro para premiarlo, sin afectarse por la desvergüenza. Y esta denuncia de estos dos íntegros señores tiene aún más relevancia, sobre todo porque han singularizado la corrupción donde más flagrante es, no se han limitado a la denuncia general del amiguismo editorial. Que toda actividad humana está sometida a la subjetividad es verdad de Perogrullo. Que en la poesía, como en la fontanería o en la educación universitaria o en la profesión que sea, en el fondo todos se conocen unos a otros es también evidente. Que algunas veces los seudónimos utilizados al presentarse a un concurso difícilmente pueden conseguir que una parte del jurado deje de reconocer presumiblemente a su autor, es inevitable y, en el fondo, admirable: tener un estilo propio, identificable, ¿quién no lo desearía? Pero otra cosa es la corrupción generalizada, continuada por decenios e institucionalizada de modo estructural en los premios, subvencionados todos por administraciones públicas, que copa y fagocita la editorial Visor. Ni siquiera la desvergüenza del “premio” Planeta se le equipara. Porque lo del Planeta es ya algo tan público y notorio, ha sido tantas veces escrito y descrito en los medios de comunicación social, que sólo quien decididamente se empeña en ello puede ignorar que es un premio de encargo, que se contrata al futuro ganador meses si no años antes. Y que quienes se rebajan a obtenerlo son gentes de muy escasa honorabilidad humana, compatible a veces con la grandeza artística, sí, aunque cause tristeza comprobar la menesterosidad de algunos que ni siquiera pueden aducir que se presten a tal juego por que vivan en la miseria. Los verdaderos hombres, lo que hacen es sobrevivir y morir en ella, en la miseria (Galdós, Jardiel Poncela...) no amillonarse el riñón con el engaño de los lemas y las plicas.
Todo esto, tristemente, ocurre cuando los escritores quieren convertir su actividad en una remunerada, funcionarial, reconocida, hipotecaria. Y para ello optan, por ejemplo, por sindicarse en las sombras. Hablaba más arriba de la cuadra de poetas de ciertas editoriales. Así no deja de asombrarme esa creciente afinidad de tantos poetas –dedicados a la actividad más individualista que conozco, el arte- por encontrar afines y afiliarse a diferentes cuadras, cuando todo el mundo sabe que en una cuadra siempre huele a amoniaco, el de la orina de los semovientes. Dijo Hermann Hesse en su Demian que ningún hombre ha llegado a ser él mismo por completo; que podemos entendernos los unos a los otros; pero que interpretar es algo que sólo puede hacer cada uno consigo mismo. Pocas veces se ha descrito mejor la función de algo que no tiene función, como es la poesía. Pero ese milagro de la creación poética se infecta de podredumbre cuando entran a mangonear las sectas. Tendencias está bien que haya. Y afinidades, complicidades, hasta “generaciones”. Reconocerse en lo que otros escriben como si fuera propio es parte de la mejor naturaleza humana, que busca y encuentra hermandades. Pero traspasar el hermanamiento para constituir sectas y mafias nos conduce justo al otro extremo de esa naturaleza humana, al de las fratrías…”.


Un último apunte, no exento de amargura. Escritores hay que un día hacen bandera política contra la corrupción y acaban presentándose de cabeza de lista a unas elecciones. Así lo hizo recientemente LGM por Madrid. En su programa la lucha contra la corrupción era una prioridad. Y ello me hizo recapacitar sobre que tan corrupto es el concejal de urbanismo que se embolsa cientos de miles de euros para sí o su familia como el que embolsa en la cuenta corriente de amigos y afines una y otra y otra vez premios literarios pagados con los impuestos de (casi) todos. Las urnas tal vez en este caso hicieron ya su poética justicia. Aunque fuera para desgracia de los madrileños, condenados a otros cuatro años de políticas neoliberales y conservadoras…
Sea.