Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

27 julio 2015

Café Comercial

Era 1979. Tal vez 1980. Acudía a mi primera tertulia literaria. Fue en el Café Comercial de la Glorieta de Bilbao de Madrid. Tras encontrarnos en la Calle Covarrubias esquina con Sagasta dirigíamos nuestros vehementes pasos hacia el Comercial. Los contertulios de entonces siguen siendo mis mejores amigos de hoy, mis cómplices, mis compañeros, mis hermanos. Julio, Arturo, Kintas, Simón… Nos sentábamos los sábados por la mañana en una mesa al fondo a la izquierda. Creo que la misma en la que los martes se reunían unos pilotos republicanos… Allí nos leíamos cuentos y versos, sabiéndonos parte de una historia más larga que nuestras vidas, más profunda que nuestros deseos de hacer grandes cosas en el mundo.
Y ahora recibo lejos de Madrid la noticia del cierre del Café Comercial. Qué desolación. Qué sensación de impotencia ni siquiera poder acercarme ahora a rendir un homenaje al lugar donde mis Poetas Hazversos desplegaron tanto talento. Donde Juanjo Martín Ramos, uno de nuestros mejores editores patrios, y yo hablábamos de cuando en vez de lo único que importa en nuestras vidas: la palabra escrita. El paisaje en el que encontraba a nuestro nobelable novelista Rafael Soler y echábamos pestes de la caterva de poetastros, nosotros los primeros…

Apenas hace cinco días reuní allí a una veintena de mujeres y hombres solidarios para involucrarnos en un proyecto a favor de las personas con discapacidad de un país muy lejano de España. Y ahora no queda nada de los ecos de mis días y mis noches allí...

Ya Discépolo dedicó un tango a un Café de Buenos Aires… vaya hoy como póstumo homenaje… en un adiós que espero sea tan largo como para que antes de acabar haya regresado nuestro Café Comercial con renovada sangre y nuevas palabras escritas y en el aire…

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.

Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja...
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía... dados... timba...
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.

Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
(José, el de la quimera...
Marcial, que aún cree y espera...
y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía....).
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas,
bebí mis años
y me entregué sin luchar.

La versión, inmejorable, de mi muy admirado amigo Carlos Montero…

Sé que la nostalgia a menudo sólo conduce a la melancolía, un lugar a prescindir donde todo se pudre y nada florece. Que hay que dar paso a nuevas ideas, pero arrancar de mi biografía las mesas del Comercial se parece mucho a la irreparable pérdida de un amor que no volverá jamás…

Mi abrazo más sentido para Fernando y todos los trabajadores del Comercial.


(Fotos abc y madridvillaycorte)