
Pero el drástico abaratamiento de los costes de la edición
digital (en papel) ha supuesto que algunas editoriales puedan apostar por
libros minoritarios sin poner en peligro la “cuenta de resultados”; o que
algunos autores puedan permitirse el lícito lujo de financiar ellos la edición.
Por eso quiero aquí mandar mi aviso a navegantes para que no
se les estafe. Una cosa es ser editado, bien sea gratuitamente (con sus
correspondientes derechos de autor entre el 8 y el 10 % de precio en tapa),
bien sea pagando parte o toda la edición; otra cosa es la autoedición o edición
“de autor”; y otra cuarta cosa es ser engañado
por “edicilio” (definamos así el delito de estafa de edición).
Expresemos, pues, la diferencia entre estas cuatro categorías.
Edición a cargo del editor: éste adelanta el dinero preciso
para la elaboración del libro en papel y se responsabiliza de la distribución
del libro. Al año siguiente (por lo general) liquida derechos al autor respecto
de lo efectivamente vendido en el año según el porcentaje convenido. Este pago
se hace generalmente en dinero con su correspondiente fiscalidad. También, en
parte o en su totalidad –dependiendo del montante-, algunos autores optan por
adquirir algunos libros propios, con descuento de autor y cargo a esos derechos
de autor.
Edición pagada en parte o totalmente por el autor: sigue
habiendo un contrato con un editor y unas responsabilidades de éste que deben
incluir indefectiblemente la
distribución del libro (en mayor o menor alcance geográfico en función de la
distribuidora con la que trabaje el editor). Operando igual respecto a derechos
de autor. Digamos que aquí el autor se convierte en una especie de socio por
proyecto concreto con el editor al que “ayuda” con la necesaria liquidez
inicial que es el caballo de troya de las pequeñas editoriales.
Autoedición o edición de autor: es cuando un autor contrata y
financia íntegramente la confección de su libro con una imprenta, directamente
o a través de una editorial. El editor no adquiere responsabilidad de
distribución de la obra. Simplemente la imprime a poco más del precio de coste y
como contraprestación al pago del autor le da la edición íntegra a éste, que la
reparte como buenamente pueda y quiera. Es el mismo mecanismo que cuando uno encarga
en una pastelería los roscones de navidad: los paga y se los lleva.
Estas son las normas que todos debemos saber, lectores,
escritores y editores, sin que la calidad de la obra se vea en modo alguno
afectada por la modalidad de elaboración física del libro. Incontables ejemplos
hay de autoediciones o autofinanciación de ediciones de obras maestras (Joyce,
Zweig, Rilke…); del mismo modo que hay innumerabñes ejemplos de obras editadas
por grandísimos emporios editoriales a todo bombo y platillo que causarían el
sonrojo de un piel roja.

La primera modalidad es la de pago por adelantado: el
editorilio va y le cobra una desmedida cantidad al pobre autor, que va mucho
más allá del mero coste de producción, que el autor acepta porque cree que
incluye la contrapartida de la distribución con la complejidad logística y de
contratos preexistentes entre el editor y la empresa de distribución y los
libreros, etcétera. Hecho por el que el coste de la edición va más allá del de
la mera impresión y cosido y traslado al domicilio. Pero ciertos editorilios
simplemente editan la obra y no incurren en los gastos y gestiones de su
distribución sino que la dejan apilada en un almacén. Esto que parecería un
negocio ruinoso no lo es pues el autor ha pagado más de lo que está recibiendo
a cambio. Pues sólo recibe la obra, que no es distribuida.
La otra modalidad de edicilio es la de pago a posteriori. El
autor firma su contrato y se cree que el editor gastará su parte de dinero y de
energías y esfuerzos en colocar la obra en una distribuidora… pero de eso nada.
A los dos años, por ejemplo, el estafador libresco se pone en contacto con el
autor para decirle que le eche una mano, que como no es conocido (el autor) y
ha vendido tan pocos libros, le propone adquirirlos a un precio, valga otro “por
ejemplo”, de dos euros. Pero es entonces cuando el autor descubre que el
editorilio le intenta vender 435 libros inmaculados, en sus cajitas, de los 500
de la edición. El autor entonces dice, caramba, si en la presentación a mis
amigos y familiares les vendí yo creo que 65 libros… va a ser que el resto de
la edición ha estado durmiendo en los almacenes de mi editor el sueño de los
ajusticiados… Y tanto… Total que si paga lo que le pide el editorilio dos años
después se lleva la “ganga” de su propia edición que jamás salió de la
editorial y nadie pudo adquirir, ni reseñar o quemar en pública plaza. Pero
para ese viaje tales alforjas son una estafa diferida y más dolorosa. Mejor (y
más barato, sobre todo más barato) es desde el principio optar por la modalidad
de autoedición integral en que pagas por la elaboración de los ejemplares del libro
que creas que vas repartir o vender tú directamente entre tus amigos y santas
pascuas.
Así que lo dicho, estad, navegantes escritores, atentos a
los sirénicos cantos de los estafadores de la edición digital en papel.
Perdón por la excesiva longitud de esta entrada. El tema, para
desprevenidos autores, lo merece ante la profusión de ofertas de edición que
rulan, pues recordad que ya lo dijeron los dramaturgos Pedro Muñoz Seca y Pedro
Pérez Fernández: “Los extremeños se tocan”. Zeus esté con vosotros.