Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

12 mayo 2016

Aviones de papel, Saint-Exupéry

“Antoine de Saint-Exupéry”, aviones de papel”, Montse Morata, Editorial Stella Maris, 2016, (313 pp), finalista del II Premio Stella Maris de biografías y memorias.

Por fin una biografía de Saint-Exupéry escrita por una autora española. Una biografía que tal vez alcance a desmontar el triste lugar común que tergiversó malintencionadamente la obra de Saint-Exupéry presentándola como la de un escritor juvenil si no infantil. Nada más lejano de la realidad. Saint-Exupéry es uno de los grandes humanistas del siglo XX a la altura de Albert Camus. Otra cosa es que el cainismo de turbios personajes como el general Charles de Gaulle se impusiera la tarea de vilipendiar al hombre libre que fue siempre el autor de “Tierra de hombres” y otros libros inmensos entre los que destaca “El Principito”, obra maestra de la concisión, la reflexión y la sensibilidad del Hombre Nuevo que aspiraba alentar Saint-Exupéry en el momento mismo (la II Guerra Mundial) en el que toda la Humanidad pendía del hilo de la extinción.
Montse Morata, magnífica periodista y escritora de la que apenas conocíamos su poesía, viene a cubrir un vacío incomprensible, el del conocimiento del autor francés, apenas ocupado por algunas buenas publicaciones pero menores por su alcance, como lo escrito sobre el novelista y aviador francés en Letras Libres por Pedro Sorela, prologuista también de la edición del volumen que contiene “Tierra de los hombres”, “Carta a un rehén” y Carta al general X”, traducidos por Gabriel Mª Jordà Lliteras, en Círculo de Lectores, 2000.
Biografías, memorias o escritos conexos sobre Saint-Exupéry ya conocíamos traducidos al español estudios indispensables como el de Luc Stang “Saint-Exupéry visto por sí mismo”, Editorial Magisterio Español, 1971, un texto preciso y precioso que ahonda en la etopeya del autor “más soñador que travieso”, Señor del Desierto, que “junto con T.E. Lawrence y André Malraux es el prototipo del escritor que comprometió su vida en su obra”.
A esta biografía podemos añadir en español dos más editadas en álbumes ilustrados, “El piloto y el Principito. La vida de Antoine de Saint-Exupéry” de Peter Sís, Editorial Sexto Piso, 2014, y esa delicia polícroma a cargo del creador de Corto Maltés, Hugo Pratt, que se tituló “El último vuelo”, Editorial Norma, 1995, con prólogo de Umberto Eco y extenso estudio preliminar de Frédéric d’Agay (“la vida siempre se impone a las fórmulas. La derrota puede llegar a ser el único camino hacia la resurrección”). Hugo Pratt nos relata y dibuja con su sorprendente economía de medios ese último vuelo de Exupéry del 31 de julio de 1944 poblado de entusiasmo (en-theus, estar poseído por el espíritu de la divinidad) en una conversación del piloto consigo mismo alumbrando relevantes momentos como sus recuerdos sobre su madre sobrevolando su casa (“Si me hieren, tendré quien me cuide. Si me matan, tendré a quien esperar en la eternidad. Si regreso, tengo a quien volver…”), el ya final encuentro con su Principito entre nubes que parecen corderos, la enigmática aparición de la Patagonia, hombres del desierto, el accidente de Guatemala, amigos, compañeros del aire, amores, España en su guerra incivil, y ese final estremecedor mientras su avión se precipita en las aguas del Mediterráneo: “Si quisiera despertarme, lo haré únicamente al norte del último sueño… Saint-Ex, no tomes la dirección de los recuerdos… es como visitar un cementerio…”. Y la viñeta final dibujando un horizonte solitario en el mar, especular imagen de la línea de la duna del desierto en la que desapareció El Principito.
Y ahora a ello sumamos el extraordinario libro de Montse Morata que con un inicial enfoque de memoria literaria nos desvela las claves esenciales de la peripecia vital de Exupéry en un contexto marcado por lo político (las guerras), lo aventurero (pionero de la aviación), lo literario (periodístico como novedad) y también por las contradicciones amorosas de una existencia marcada por la soledad pese a (o más bien “debido a”) sus relaciones sentimentales, muy especialmente en lo concerniente a su madre y a Consuelo, su esposa y “rosa” de El Principito.
Y precisamente porque cuando Montse Morata se deja arrebatar por su pasión literaria es cuando nos ofrece sus mejores y más emocionantes páginas es por lo que creo que cuanto más despoje a su texto de su inicial carácter de tesis doctoral más contundente será para nosotros, lectores. Lo que tiene sentido en un pasaje académico, la repetición de algunos extremos como la premeditada venganza de de Gaulle y algunas otras que se encuentran en el libro, no son necesarias en un ensayo literario y le pueden restar frescura a la narración de una biografía de una viada que como la del aviador es más novelesca que una auténtica novela. Algo que además tiene que ver con la propia manera de redactar de Exupéry, cuyos libros navegan las engañosas aguas de la novela y del ensayo… tanto como para que alguno de sus libros se publicara como novela en unos países y como ensayo en otros.
Por todo ello las más altas cotas de emoción se encuentran en el libro de Morata en su primer capítulo que no casualmente se titula “¡Hay que ser un incendio!”, y que tengo subrayado de principio a fin; igual que el de la conclusión “Escribir con la muerte” donde la autora y doctora en periodismo por la UCM nos agarra por el pecho, nos zarandea el alma y nos deja sin resuello. Como debe ser.
En todo caso la prosa de Morata, a imagen y semejanza de la de su biografiado, rezuma lirismo y es de una altura a la que ya estamos poco acostumbrados. Y hay que agradecer a Morata su esfuerzo de años para ofrecernos este libro. Como dice Luc Stang, “hace falta heroísmo y genio para dar cuerpo siendo ya hombre a lo que de niño se ha soñado”. Montse Morata ha derrochado heroísmo, talento y generosidad en su obra.
Finalmente, por todo esto, en las “peticiones del oyente” me atrevería a solicitarle a Montse Morata y sus editores que en la segunda edición de su libro (ya pronto en imprenta imagino, pues todo parece indicar que ha vendido en tiempo récor dos mil ejemplares, inquietante señal de que en España no todo es Belén Esteban… ¡renace la esperanza!) se incluya un anexo con la traducción de la propia Montse Morata de esos artículos periodísticos de los que nos habla y que bien merecen ser publicados (más aún si, como dice nuestra autora, -páginas 168 y 210- ni siquiera están recogidos en las Oeuvres complètes de La Pléiade). Esta petición mía se basa en que precisamente Montse Morata en esta biografía dedica especial atención a una faceta muy poco conocida de Exupéry, la de periodista (algo que hizo a la fuerza movido por necesidades económicas), y es uno de los grandes aciertos de su premiada biografía.  
No obstante, al menos los artículos periodísticos de Exupéry en L’Intransigeant y en Paris-Soir referentes a la Guerra Civil española (y hasta su “Carnets”, Cuaderno de notas) se pueden consultar íntegros en “Un sentido a la vida. Visiones de España 1936-1938”, Antoine de Saint-Exupéry, edición, traducción y prólogo de Gabriel Mª Jordà Lliteras, Círculo de Lectores, 1995.
Quiero añadir que la extraordinaria biografía de Morata además nos permite conocer la visión de Exupéry de la dolorida España del 36 así como la interpretación de la iconografía de El Principito en la auténtica vida del escritor francés.
En definitiva no dejen de leer esta magnífica obra con la que no sólo conocerán en profundidad al autor del libro más vendido y traducido del mundo junto con la Biblia y el Corán, (incluida la decepción que a uno le puede causar saber que Exupéry consultaba a videntes… lo que se compensa, en todo caso, con las hazañas que protagonizó recorriendo desiertos y montañas, cruzando inmensidades a través del cielo) sino que ahondarán, ustedes, lectores, en los valores del humanismo, el individuo (que nada tiene que ver con su contrario, individualismo), la libertad de pensamiento, la resistencia a los arquetipos y prejuicios, el papel esencial de la amistad para entender el mundo, el heroísmo y la audacia, contrarios a la temeridad, la importancia de la acción (y de la inacción), la necesidad de la invención para progresar pero la cautela a la vez ante la amenaza del maquinismo asolador del hombre, la responsabilidad moral de cada uno de nosotros por crear lazos y no exclusiones, etcétera. Y también en relación con el pequeño mundo de los escritores aprenderemos en esta biografía gracias a Exupéry que “la perfección no se consigue cuando no hay nada más que sumar (a lo escrito) sino cuando no hay nada más que restar”. Sí sus concisos libros ofrecen una contundencia inigualable, tan difícil de conseguir que él bien sabía que su escritura estaba impregnada de elitismo, pero no del que establece una superioridad moral sino el que pretende atraer a todos hacia lo más alto. No obstante Exupéry siempre dijo preferir vender apenas cien ejemplares de un libro que no le hiciera enrojecer que seis millones “de un nabo”.

Gracias al cielo y pese a sus bochornosos detractores, Exupéry trascendió su propia existencia, corta (apenas 44 años) pero intensa, y hoy y siempre pervive y perdurará para señalarnos a cada uno el camino de ascensión a nosotros mismos, habitando él el lugar que le corresponde, seguramente un asteroide cercano al B 612, en la inalcanzable gloria de los más luminosos soñadores.

2 comentarios:

Montse Morata dijo...

Muchísimas gracias por esta magnífica y detallada reseña, querido Jaime, por tus generosas palabras de elogio pero, más aún, por los veteranos consejos. Dice Joan Margarit que más difícil que ser un gran poeta es ser un buen lector. Y encontrarse con ese lector, añado yo, es lo que completa y da sentido a la obra. Una obra que en este caso sólo me pertenece a medias, ya que es Saint-Exupéry el verdadero autor de esta historia que yo he tratado de contar aspirando a sacarlo de la injusta etiqueta en la que fue recluido, que secuestró buena parte de su obra y de su pensamiento humanista, tan vigente por ausente en nuestro tiempo, del que fue un verdadero visionario. Un empeño que tampoco tendría sentido sin lectores como tú, conocedor de la vida y obra de Saint-Exupéry en su verdadera dimensión, la que permite sacarlo de su olvido.

Maria Mercedes Rivas Ducca dijo...

Tratare de conseguirlo fuera de Costa Rica.Me interesa y apasiona Saint Exupery.