Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

05 julio 2015

Enrique Gracia Trinidad, la poesía y la Ajo

Querido Magíster EGT:
leo con unción tus palabras (http://enriquegracia.blogspot.com.es/2015/07/del-pensamiento-la-poesia-y-el-ajo.html) y los comentarios provocados (véase feisbuc). Y se me ocurre sumar a ellos la reflexión de uno de los escritores más sagaces que he leído, Casanova, quien dijo: no basta con una frase ingeniosa para elaborar un soneto. El ingenio sólo basta para hacer un epigrama.
A veces ni eso. Porque por supuesto quienes no tienen talento, ni siquiera ingenio, apenas son capaces de hilar frases infantiles y prescindibles.
Y bien está que cada uno haga la poesía (o sucedáneo) que quiera. Lo que ya me parece que no es de recibo es la arrogancia con la que muchos de estos “no tan jóvenes poetas” vienen a arrojarnos a la cara los inanes guantes de sus versos creyéndose que han sido los primeros y únicos en sus simples ocurrencias. Lo que deja claro cual patena que escribir escribirán pero que leer, lo que se dice leer tienen una gran carencia. Si hubieran leído un poco sabrían que de originalidad la justa y entonces tal vez refrenarían sus impulsos catecuménicos, por llamarlos así.
Y no se trata de que porque ya cientos de poetas antes hayan escrito haikus, por ejemplo, o sonetos, uno no vaya a abordarlos. Bien está que los escritores nos repitamos en temas universales. Cada época requiere su lenguaje, aunque la reflexión luego sea la misma (el amor, la soledad, el abismo ante la muerte...). Pero al escribir hay que hacerlo con un mínimo de conocimiento y de humildad. Diría. Que es yelo abrasador ya lo dijo Quevedo. La rueda, el ajo y las cerillas se inventaron hace mucho. Ir de Supremo Hacedor y querer patentarlas es cosa que debe causar risa. Y llanto.
Y si entramos en lo de las performances versus los recitales aburridos, ahí que cada cual aguante su vela. No recuerdo un sólo recital de EGT en el que no haya aprendido muchas cosas y haya dejado de reírme y disfrutar. Simple que soy, tal vez. Y resulta que a mí los que intentan epatar a los burgueses con lugares comunes y ensayadas salidas de pata de banco, que me dejan frío... ¡Cómo soy!
En todo caso ya sabes que en los prólogos y epílogos que firmaba de mis antologías anuales de Poetas Hazversos abordé en varias ocasiones el fenómeno del llamado pensamiento débil, pensamiento que impera en nuestra sociedad. Vayan aquí entonces también unos párrafos de la antología de 2011 de Poetas Hazversos que vienen al caso en mi alineación contigo, vayas donde vayas... ya sabes "hieme et aestate, et prope et procul, usque dum vivam et ultra" (en invierno y en verano, de cerca y de lejos, mientras viva y más allá de mi vida):
“… Es así, el bestsellerismo aplicado a la poesía, basado en el predominante pensamiento débil, en el retrógrado conservadurismo que se va imponiendo. Por lo que, buscando la complacencia, se dan a luz poemas-bebé nacidos muertos en ese conservadurismo tradicionalista formal y moral pero encima insultando la inteligencia de algunos enmascarando sus poéticas en las nieblas de un fingido arriesgado “atrevimiento”.
Pero no nos engañemos, tampoco el mero artificio formal, sonoro, sin un por qué merece la consideración de obra eterna del hombre (y eso que tal “por qué” bien puede ser la belleza sin otra explicación, que conste). El virtuosismo (que nada tiene que ver con el talento) jamás ha sido arte verdadero porque adolece de la esencia misma de la obra artística: la creación. Es solo recreación, que no es lo mismo. Es más, es justo lo contrario. Virtuosos aquellos que hacen catedrales góticas con palillos, o interpretan a Rachmaninov batiendo récors de velocidad, o pintan la Gran Vía como si fuera una fotografía, pero no aportan un gramo siquiera de entendimiento de la existencia.
Por eso, cuando alguna pseudopoeta (S.C.) simula un titánico esfuerzo para escribirnos como poema completo “Escuché mi violín / y vinieron las aves” o este otro “Cuanto más feliz soy / menos me comprenden”, a menudo está simplemente estafando. Me temo que su oscuro y escondido deseo sería ser capaz de decir lo que Eugénio de Andrade: “Ningún pájaro / permite a la muerte dominar / el azul de su canto” o “Conténtate con ser, hoy / mañana / otro día, esta luz breve”. Pero tales versos se encuentran fuera del alcance del poeta-fraude pues el talento no es un don que a todos corresponda.
También alguien (L.B.) publicó un “poema” titulado Volver: “Añoro mi casa, familia y Marilú; / añoro el cielo madrileño, / los pasillos estrechos, / las amistades buenas / que tus penas se llevan. / Volver al lugar donde nací, / mi ciudad natal, / me haría feliz”. Estos hemistiquios tienen de poesía lo mismo que una de las Páginas Amarillas. Consuele sólo saber que su autora tenía nueve o diez años cuando perpetró el texto, estas palabras innecesarias sin las cuales la tierra no sólo puede vivir sin inmutarse sino que habría agradecido no haber tenido q
ue contribuir a su deforestación para imprimirlas. Pero lo verdaderamente malo es que versos sin poesía como ésos los escriben otros a quienes la edad no puede redimir. Y nos encontramos la ralea de estos supuestos poemas publicados por escritores hechos y, sobre todo, derechos, o sea, profundamente conservadores, aunque públicamente –la imagen lo es todo- apoyen políticas zurdas.
También están los que quieren confundir poesías con epigramática, si es que a epigramas llegan su frases inconclusas y prescindibles: “Sólo acepto las estaciones / en mi cabeza hay estaciones” (P. H. C.). Punto final, como lo leen. Por no citar a los vaguetes componedores de falsos haikus que sonrojarían a la propia bandera del Japón: “Entre un hombre y otro / cruzas en autobús los campos / que cambian de color.” (N. F.). Hombre, tanta alforja para tan ridículo periplo causa casi sobresalto. Para hacer una metáfora hay que tener algo más en las manos que el bolígrafo, hay que ser un Tomas Tranströmer capaz de expresar la ligereza de la luz de la nieve con este hallazgo: “Un kilo pesaba apenas setecientos gramos”.
Ante tan amarga crítica como la mía, recapacito sobre mí mismo un segundo apenas y recuerdo a Enodio, que dijo: “está en la naturaleza de los más malvados pensar de los demás el mal que ellos mismos merecen; y éste es todo el consuelo que tienen los culpables: no encontrar a ningún inocente...”.
Pero al rato me rehago de las cenizas de mi propia duda e insisto en la reivindicación de los olvidados, de los Hazversos Poetas. Y para ello propongo probar el sonrojo que ha de causar poner al lado de aquellos prescindibles versos otros que sí son esenciales y necesarios, deber y salvación de los amantes de la poesía, versos absolutorios como estos de Julio Castelló (“La letra pequeña”, Ed. del Flexo Rojo, 2008):

“mi alma
como la de un revólver
esconde
el silencio previo de la muerte”

“aprendí a fingir que estaba vivo
sin demasiado esfuerzo
moví con precisión mi peso y mi silencio
parpadeé de cuando en cuando
acaricié la luz
                   para sentir su frío
y prescindí del ruido detenido de la sangre
no fuera a despertar
y fuera
         una vez más
                            tarde”

En fin, vivimos horas de banalidad, de pretensión, de ensalzamiento de la contracultura del esfuerzo. O sea, la del facilismo. Poco puede esperarse de unas sociedades que aceptan como algo necesario para satisfacer el hastío existencial haber trasvasado a la creación artística el principio capitalista del “usar y tirar”, todo movido por la urgencia propia del mercadeo: consumir, consumir, consumir. Mercadeo al que se han plegado no sólo los lectores sino los propios escritores, los críticos, los cátedros”… (Jaime Alejandre, Crisol 2011 de Poetas Hazversos, Ed. Cuadernos del Laberinto).

Sea.

01 julio 2015

Eugénio de Andrade, Blancura


“Blancura”, Eugénio de Andrade. Selección, presentación y traducción de Miguel Losada, Ed. Polibea, Colección Orlando, 2015, 87 pp.

Abordar la confección de una antología de un poeta se me antoja ser una tarea demasiado compleja, que además a menudo pasa desapercibida para quienes finalmente abordan la lectura de los poemas elegidos por el antólogo.
Si el poeta al que nos referimos es uno universal y que ostenta tal intensidad en su obra lírica como Eugénio de Andrade la empresa alcanza cotas de dificultad que sólo otro poeta puede afrontar.
Miguel Losada, poeta, editor, rebeldía cultural en marcha siempre; Miguel Losada, autor de la selección, el prólogo y la traducción de “Blancura”, digo, ha hecho un trabajo impagable.
Aquellos que conocemos de antes la obra del poeta portugués, podemos disfrutar de una selección sabia y certera que recoge cuanto de mejor hay en un escritor que todo lo hacía bien, y lo hacía con una medido cuidado, sin dejarse jamás llevar por el exceso y la abundancia. En obras tan comedidas y contenidas, hacer una selección y acertar con la quintaesencia es, repito, hazaña sólo al alcance de los más sabios.
Pero también aquellos que se acerquen por vez primera a la obra de Andrade encontrarán en este “itinerario poético” (acertado subtítulo de Miguel Losada) precisamente las escalas, los puertos, los pasos de montaña, los remansos esenciales para entender una obra compleja e integral como la de Eugénio de Andrade, a quien tanto admiró desde los quince años quien esto suscribe.
(Sí, en 1979 cayó por descuido de la biblioteca de mi padre a mis manos una antología de poesía portuguesa “actual” que comenzaba en Pessoa y terminaba en Andrade. Desde entonces, como un alfa y un omega de poéticas radicalmente distintas, quedé enamorado de ambos. Y así, hace ya casi treinta años, un 26 de julio de 1986, se me ocurrió peregrinar a conocer a Andrade a la Rúa de Palmela 111 de Oporto, donde vivía, en una peripecia cuando menos azarosa que ya contaré en otro lugar. El caso es que a nuestro poeta le costó lo suyo salir del asombro de que un desconocido jovenzuelo se le plantara en la casa por el mero deseo de conocerle… Su amabilidad y exquisita hospitalidad -copitas de porto mediante- me dieron muestras de que la humanidad es algo que, gracias a los dioses, algunos llevan más allá de los versos, y que la altura inalcanzable de la poesía de Andrade estaba en consonancia con su posición como ser humano en el universo… Pero como decía más arriba, esto es otra historia…).
Eugénio de Andrade, seudónimo de quien nació José Fontinhas, y de quien se cumplieron hace días los diez años de su muerte, es una de las voces más importante de la lírica ibérica del siglo XX. Por ello merece la constante atención de quienes consideramos la poesía como uno de los pilares sobre los que se asienta lo mejor del ser humano.
La antología que nos regala Losada (bajo los auspicios de ese lujo de la existencia que es Juan José Martín Ramos, editor de una sensibilidad, sabiduría, entusiasmo e intelectual altísima altura que no hay visores que alcancen siquiera a entrever la suela de sus muletas) contiene tantos poemas de tal intensidad que el lector no avisado quedará exhausto si pretende leer el libro de un tirón, atrincherado en la ignorancia de pensar que siendo pocos los versos de cada página se pueda pasar por un buen puñado de aquellos impunemente.
El libro se nos abre sin concesiones, como los cerezos en flor del primer poema, como los brazos de su segundo cuarteto, para acoger al lector y los dones de la creación en los que vivimos y sobrevivimos. Nos sorprende el segundo poema antologado, “Adiós”. Pero superada la extrañeza del título, el estupor que nos conquistará será el de estar ante un poeta cuya hondura en el conocimiento de la naturaleza humana trasciende los trillados caminos y hace trascender el espíritu de quien lee sus versos.
El libro (por cierto en edición bilingüe, gran acierto) entonces ya se despeña con un inabarcable caudal de emoción: “… ¿Con qué palabras / o besos o lágrimas / se despierta a los muertos sin herirlos, / sin traerlos hacia esta espuma negra / donde cuerpos y cuerpos se repiten, parsimoniosamente, en medio de las sombras?...” (“Pequeña elegía de septiembre”); “… De repente / el silencio se sacudió las crines, / corrió hacia el mar. / Pensé: deberíamos morir así. / Así: arder en el aire” (“Sur”); “… Escribo para llevar a la boca / el sabor de la primera / boca que besé temblando. / Escribo para subir / a las fuentes. / Y volver a nacer.” (“Escribo”)…
En definitiva, poesía para la luz y de la luz, poesía de la esperanza en la serena desesperanza. Poesía del hombre en el hombre solo, poesía de lo tangible que no precisa de dios para celebrar la existencia. Poesía de la experiencia en la diferencia del espíritu, poesía de carne y vuelo… Ya lo dice Andrade en su poema “El lugar más cercano”:

El cuerpo nunca es triste;
el cuerpo es el lugar
más cercano donde la luz canta.
Es en el alma donde la muerte hace la casa.

Blancura, sí. Luz es la poesía de Eugénio de Andrade. Y los rayos más puros son los que Miguel Losada derrama sobre nuestros ojos en esta antología, no par cegarnos, sino precisamente para que la iluminación nos haga comprender la esencia auténtica de la vida.

Disfruten, pues, todos de este libro indispensable, tras el cual ya nada vuelve a ser lo mismo… “No llueve aún pero la tierra / en su amarillento y frío color / ya huele a lluvia”. Así nosotros, lectores, sentiremos ya el aroma de los versos de Eugénio de Andrade en todos los paisajes donde la luz nos recuerde que estamos vivos para estar vivos. No otro es el enigma.

10 mayo 2015

Presentación de "C[r]uentos"

Queridos amigos: de la mano de mi amiga y magnífica escritora, Ángela Reyes, presento mi nuevo libro de relatos "C[r]uentos" el próximo miércoles día 13 a las 1930 en el Café Libertad 8. Me encantaría compartir mis historias con vosotros…

         “Lo más sorprendente: la muerte de mi novia, tan joven, tan sana. Al menos fue una muerte dulce. Ella ni se enteró. Se durmió para no despertar jamás.
Lo más duro: el trago en la funeraria. Cómo explicarle yo al embalsamador aquel, factura en mano abonada por mí en su día, que quería “recuperar” los implantes de sus pechos, aquellas tetas divinas sobre las que tantos buenos momentos había pasado. Habíamos pasado. Y que me habían costado un congo.

Lo más sencillo: encargar a mi madre una funda de almohada sobre la que hoy reposo recordándote, Cristina, compañera perfecta, blandura de mis sueños que nunca ya abandonarás mis noches”.

13 abril 2015

Recital poético

El próximo miércoles...

¿Cuándo, en qué hora
deja de importarnos el dolor
de los demás, ajeno,
y sólo ya nos deleitamos
en el nuestro,
con el enfermizo
placer del yonqui adicto?

¿Cuánto tarda
en pudrirse un corazón
mientras aún late
en un pecho
fingiendo que está vivo?
                     
                        (Destruction Bay, 61º N 138º W)

(Inédito, Jaime Alejandre)

12 abril 2015

Carmen, Compañía Nacional de Danza

La belleza es una de las escasísimas formas en las que la justicia humana se presenta en terrenal esencia.
Su efecto, la emoción, es a su vez la expresión más certera de humanidad. Los animales no sienten esa categoría de emociones relacionadas con lo más íntimo de la raza humana, aquellas emociones que sobrecogen al hombre y a la mujer.
Hace años dejé de aspirar a otra clase de justicia. Renuncié a la paz universal, me resigné a que no se respete a la naturaleza, claudiqué de la moralidad en las relaciones entre los hombres, donde campa la corrupción. Pero salvaguardé siempre el refugio de la belleza.
La he buscado como el náufrago el madero en medio de la galerna. Y siempre que la he encontrado he salido a flote de las más vertiginosas aguas que me arrastraban hacia el fondo, donde apenas la Nada residía.
Si tú eres así, miembro contrito de la comunidad de náufragos, si tú también buscas la belleza como destino único en una existencia por naturaleza efímera, entonces no dejes de acudir antes del 19 de abril al teatro de la Zarzuela de Madrid a dejarte poseer por el asombro estremecedor del espectáculo “Carmen” con los bailarines y bailarinas de la Compañía Nacional de Danza. La dirección y coreografía de Johan Inger, indescriptible, más cercana a las labores de los dioses de ignotos olimpos que a la de meros humanos. La música de Bizet, Shchedrin y Marc Álvarez magistralmente entreverada entre la modernidad y la gtradición. La delicadísima iluminación de Tom Visser convirtiendo la escena en un paisaje de infinitos. La prodigiosa escenografía minimalista de Curt Allen Wilmer donde puertas y espejos se convierten en personajes de la obra. Todos y cada uno de los pasos de baile de los bailarines principales, solistas y cuerpo de una inverosímil delicadeza. Y en fin, el trabajo y la dedicación de todos los participantes en este espectáculo, el más bello que he visto en mi vida, rebosan talento, esa ave en peligro de extinción cuando tantos impostores de artistas en su penosa mediocridad han renunciado a la creación para entregarse a la mera imitación, al impuro plagio, y ni siquiera intentando hacer copias clónicas de lo sublime sino de lo más facilón, lo más ramplón, pensando sólo en la nómina y no en la autenticidad.
No aquí, no. Esta “Carmen”, milagro salvífico en medio de la ruina de nuestros tiempos, conduce a quienes embriagados la disfrutan a un lugar donde no existen las sombras… No os lo perdáis.

(Fotos CND)


30 marzo 2015

Romain Gary

Escribir parece que puede escribir todo el mundo. Basta con estar alfabetizado. No es como pintar o hacer música, que hay que tener un don, y practicarlo. Pero escribir bien es algo que no está al alcance de todos los mortales. Y quien de verdad es un maestro escribiendo es capaz de hacer una obra de arte hasta cuando redacta un prospecto farmacéutico. Ante ellos pululan como falenas (polilla, en italiano, que es palabra bien bonita) los prescindibles basiliyos menesterosos, acólitos de Filoche, el dios pequeñoburgués de la mediocridad, que todavía se creen acreedores de eternidades en su país de sombras tan compactas que no conocen el menor resplandor…
A mí Romain Gary (el único escritor que ha ganado dos veces el Goncourt, usando uno de sus heterónimos, mofándose así de las normas del mismo premio, que prohíben obtenerlo más que en una ocasión; claro que él fue no una sino varias personas en su existencia así que está justificado) me parece uno de los autores más grandes del siglo pasado. Después de haber disfrutado hace años con casi una decena de libros suyos (Las raíces del cielo, Lady L., La angustia del rey Salomón, La vida ante sí -que yo preferiría traducir como “Con la vida por delante”-), Europa, El bosque del odio…) ahora estoy terminando su libro de memorias “La promesa del alba”. Cargado de un extraordinario conocimiento de la naturaleza humana, de emoción, de humor, de sarcasmo, de generosidad, de amor… una delicia que os recomiendo vivamente…

“Atacado por lo real desde todos los frentes… me acostumbré a refugiarme en un mundo imaginario y a vivir en él, a través de los personajes que inventaba, una vida llena de sentido, de justicia y de compasión… al humor, esa forma hábil de desactivar lo real en el preciso momento en que va a caernos encima… le debo mis únicos instantes de auténtico triunfo sobre la adversidad. El humor es una declaración de dignidad, una afirmación de la superioridad del hombre sobre lo que le sucede… …como los editores me devolvían siempre mis obras… la creación literaria se convirtió para mí en lo que sigue siendo hoy en sus grandes momentos de autenticidad, una finta para intentar escapar de lo intolerable, una forma de entregar el alma para seguir vivo…”

“La palabra “ateo” me resulta insoportable; me parece tonta, mezquina, desprende el olor del polvo de siglos, está chapada a la antigua y limitada de cierta forma burguesa y reaccionaria que no puedo definir, pero que me saca de quicio, como todo aquello que está satisfecho de sí mismo y con suficiencia se pretende totalmente emancipado e informado…”

“Todos los frenesís del sexo me parecen infinitamente más aceptables que los de Hiroshima, de Buchenwald, de los pelotones de fusilamiento, del terror y de la tortura policiales, mil veces más deseables que las leucemias y otras hermosas y probables consecuencias genéticas de los esfuerzos de nuestros sabios. Nadie conseguirá jamás que vea en el comportamiento sexual de las personas el criterio del bien y del mal. La funesta fisonomía de cierto físico ilustre recomendando al mundo civilizado que continúe con las explosiones nucleares me es incomparablemente más odiosa que la idea de un hijo acostándose con su madre. Al lado de las aberraciones intelectuales, científicas e ideológicas  de nuestro siglo, todas las de la sexualidad despiertan en mi corazón las más tiernas disculpas. Una chica que cobra por abrir sus piernas al pueblo me parece una hermana de la caridad y una honesta distribuidora de buen pan cuando comparamos su modesta venalidad con la prostitución de los sabios que prestan su cerebro para la elaboración del envenenamiento genético y del terror atómico…”


“Aunque tengo mis buenos momentos, siempre me ha resultado difícil hacer ese prodigioso esfuerzo de estupidez del que hay que ser capaz para creer seriamente en la guerra y aceptar la posibilidad de que exista. Sé ser estúpido a su debido tiempo, pero sin elevarme a esas gloriosas cimas desde las cuales una carnicería puede parecer una solución aceptable. Siempre he considerado que la muerte es un fenómeno lamentable, así que causársela a alguien es algo del todo contrario a mi naturaleza. Es cierto, he tenido que matar a hombres (Romain Gary, exiliado desde los 14 años en Francia desde Rusia, fue destacado miembro de la Resistencia francesa después de ser rechazado como oficial del aire por no estar “naturalizado” francés más que tres años antes de intentar su ingreso en el ejército en 1938) para obedecer la unánime y sagrada convención del momento, pero siempre lo he hecho sin entusiasmo, sin auténtica inspiración. Ninguna causa me parece lo suficientemente justa, y no pongo en ella el corazón. No sé aderezarlo, no sé entonar un himno de odio sagrado, así que mato sin brillantez, de forma estúpida, porque es absolutamente necesario. Creo también que el problema es mi egocentrismo. En efecto, mi egocentrismo es tal que me reconozco en todos aquellos que sufren, y me duelen todas sus heridas. Esto no acaba con los hombres, sino que se amplía a los animales e incluso a las plantas. Una increíble cantidad de personas puede asistir a una corrida y mirar al toro herido y sangrante sin estremecerse. Yo no. Yo soy el toro. Siempre siento cierto dolor cuando se talan los árboles, cuando se caza al alce, al conejo o al elefante…”.

(Foto Le Figaró)

09 marzo 2015

¿Qué les pasa a la sibila y a Marga?


La sibila de la sacristía de la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda y Marga viajera, inmortalizadas con similar estupefacción, mejoran su conocimiento de la lengua de la pérfida Albión con la inaprecieivol ayuda (o jelp) de la carta de un restaurante de Cazorla… No words… sin palabras…




Entradas o inlets:
o   Revuelto de espinacas con piñones……In a mess of spinach with pine kernels

-         Plato único o the only plate:
o   Bacalao a la riojana……Cod to the inhabitant of La Rioja
o   Trucha a la serrana……Trout to the highland one
o   Ternera a la jardinera……Veal to the window box
o   Costillas a las finas hierbas……Ribs to the thin grasses
o   Estofado de monte……Stew of mount

-         Platos combinados o combined plates:
o   San Jacobo casero……San domestic jacobo

-         Raciones o shares:
o   Patatas a lo pobre, calabacín y huevo……Potatoes to poor person, zucchini and egg

Ya lo dicen los británicos: lif, lof, laf (live, love, laugh / vive, ama, ríe)…
Sea. 





18 febrero 2015

Madrid amanece

Al ver esta mañana desde mi Bastión de la calle Félix Boix este amanecer de Madrid he recordado a mi buen amigo Hilario Camacho, que hace ya casi nueve años se nos marchó en busca de acordes a algún lugar donde le quisieran y valoraran mejor que en esta Península de Sinapia, ruin reino de las mediocridades.

Sit tibi terra levis… sí, que la tierra te esté siendo leve, compañero…


Madrid amanece
con ruido, con humo
y oscuros borrones
flotando entre nubes.
Madrid amanece
entre sueños perdidos,
confusión y sorpresa
latiendo en las venas.
Y entre tinieblas de fiebre,
se abre paso la luz,
es como una resaca
contagiosa y común,
que te vuelve a recordar,
qué solo estás
qué solo estás
qué solo estás...
en medio de tanta gente,
qué solo estás.
Madrid amanece
con miradas de odio
egoísmo y desdicha,
corriendo sin meta.
Madrid amanece
entre amorosas cadenas,
amarga desidia
y lágrimas ácidas
Y ese llanto salado,
moja tu paladar.
Madrid amanece a través del cristal
y te vuelve a recordar,
qué solo estás
qué solo estás
qué solo estás...
en medio de tanta gente,
qué solo estás.



(Fotografías de Hilario Camacho en Illora.tv y themerrypranksterbrothel.blogspot.com.es. Fotografía de Amanecer en Madrid © Jaime Alejandre)

02 febrero 2015

Las nieves del Kilimanjaro en peligro

Hace dos semanas, ya con mi 52 aniversario a la vista, cumplí uno de esos sueños que tenía desde adolescente... subir el Kilimanjaro, la montaña más alta en las diversas y doloridas tierras de África, la tierra que me regaló la mínima dignidad que encauzó mi vida definitivamente hace treinta años.
Hoy lo quiero compartir con vosotros pero no por el motivo personal sino para reivindicar que movilicemos todos nuestros esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.
2015 es un año crucial en esta lucha pues dentro de unos meses la cumbre de París abrirá la posibilidad de tomar las acciones necesarias que detengan este proceso de suicidio y autodestrucción en el que algunos están empecinados en sumirnos.
“La ascensión al Kilimanjaro en Tanzania, la cumbre más alta de África, nos ofrece una estremecedora muestra de la biodiversidad de nuestro planeta. Partimos de la selva tropical y atravesamos luego zonas de páramo y desierto alpino hasta alcanzar los 5.895 metros, donde asistimos al bellísimo y a la vez preocupante espectáculo de su glaciar. Un glaciar en evidente peligro de extinción debido a la incapacidad humana para detener el cambio climático provocado por nosotros mismos. A lo más alto llegó la insignia de WWF reclamando una decidida acción para preservar nuestros ecosistemas”.
(Jaime Alejandre, socio de WWF) (Fotografías © Jaime Alejandre y José Hernández)

















01 febrero 2015

Gino Paoli

Hace cuarenta años me dormía escuchando en la radio (pegada a mis adolescentes oídos para que mi padre no se enterara) un programa de peticiones del oyente que se llamaba Radio Go, entre las once y las once y media de la noche.
Allí conocí grandísimas canciones, pero entre todas siempre se erigió como un himno de mi romanticismo endémico “Il cielo in una stanza” de Gino Paoli.
Después conocí inmensas obras de esta extraordinario compositor y cantante cuya vida es en sí misma una canción, trágica y apasionada. Por desamor en 1963 se pegó un tiro en el pecho pero sobrevivió, aunque no pudieron sacarle la bala del tórax porque ello le podría causar la muerte y desde entonces vive con el proyectil junto a su corazón.
Tras decenas de discos imprescindibles, en 2012 grabó su actuación en directo acompañado sólo por el piano de jazz de Danilo Rea. De esto quiero hablar ahora. El disco “Due come noi che…” (Distribuido por EGEA MUSIC) es una de esas maravillas ocultas, secretas, que demasiado a menudo pasan desapercibidas en estos tiempos de la dictadura de la banalidad.
No perdáis vosotros, amigos, la oportunidad de conseguirlo. No os arrepentiréis. Las versiones de “Perduti”, “Vedrai, vedrai”, “Che cosa c’é”, “Il cielo in una stanza”… y así hasta las dieciséis piezas del disco (incluida una gran adaptación del “Ne me quitte pas” de Jacques Brel), tienen una grandeza emocional de esas que sólo adquieren su quintaesencia tras el trascurso de toda una vida. La hondura de la voz de Paoli, la desnudez del piano de Rea son monumentos inmortales a la belleza obra de mortales humanos…
Se dice que el paso del tiempo convierte a los buenos vinos en caldos extraordinarios. No siempre es cierto, la verdad. A veces el trascurso de los días sólo nos muestra con mayor claridad la falsedad de lo que creíamos magnífico y era simplemente “resultón”. Y al catar ese vino, pasados muchos años, descubrimos que sólo queda de él el vinagre.
No así con Gino Paoli que con este disco suyo nos regala una sensibilidad resistente a todas las infamias de la decadencia…