Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.
Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...
(Fernando Pessoa)
Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...
(Fernando Pessoa)
09 mayo 2012
Entrevista al Alejandre en Cermi.es
Pues eso...
http://semanal.cermi.es/noticia/Cuarto-invitados-Jaime-Alejandre-escritor.aspx
http://semanal.cermi.es/
08 mayo 2012
Nuevo blog
Nuevo blog de pensamiento y actualidad social y ciudadana
http://www.elhundimientodelmaine.blogspot.com/
http://www.elhundimientodelmaine.blogspot.com/
06 mayo 2012
Admiraciones
A veces siente uno que el veneno del estilo de vida occidental infecta hasta aquello que no pretende nada, que no busca nada, que no tiene un interés evidente o subrepticio tras de una acción…
En estas mismas páginas hace un tiempo, las alabanzas a un escritor contemporáneo, aparentemente le incomodaron a él mismo, ¿Como si hubiera un desprestigio implícito en la firma de este admirador que soy yo? O ¿con la insultante modestia exagerada del que se sabe por encima de las alabanzas?
También una vez, en la vida, no en un blog, defendí a una persona de mí mismo y no me lo perdonó (seguramente en este caso con razón, pues el paternalismo no representa un beatífico exceso de cuidado y preocupación por el otro sino la desconsideración de creerlo incapacitado).
Sin embargo, lo que hoy importa en este blog es que esta persona a la que defendí de mí mismo sin preguntarle, me regaló a un autor exquisito, Javier Pérez Andújar. Y querría hoy agradecer a aquella persona ese inmerecido regalo que tanto me he demorado en disfrutar.
Tardío autor de mi generación del que he leído sus libros “Paseos con mi madre” y “Los príncipes valientes” (Ed. Tusquets), Javier Pérez Andújar. Además de haberme proporcionado el goce intransferible de la memoria hecha literatura sin más pretensión que la de la emoción (que es donde la verdad se encuentra con la sagacidad), también me ha descubierto hechos que mi enciclopédica ignorancia desconocía. Por ejemplo la amistad admirativa entre Edgar Allan Poe y Julio Verne.
Así, leyéndole, he añorado un tiempo, o un paisaje, o una Historia donde los escritores, incluso los coetáneos puedan admirarse, imitarse sin plagiarse, culminar uno la obra del otro. Pero hoy, como decía al inicio de esta entrada, ni siquiera cuando uno alaba la obra de otro escritor vivo encuentra siempre la aceptación (para nada el agradecimiento) del otro. Será que tanta crítica, tanta atención justo para desprestigiar a los compañeros convierte en sospechosas todas las alabanzas y en aviesas todas las intenciones.
Pero yo siempre he confesado que escribo porque leo. No porque haya leído, que también. Sino porque leo. Porque al leer un libro me calo, me empapo de ensoñación y empiezo a apuntar en la última página del propio libro (la de cortesía en blanco, que en la gran mayoría de mi biblioteca está arrancada por tal motivo) frases, poemas, cuentos que me vienen a la imaginación por el anzuelo echado en mi corazón por el autor que esté leyendo.
Y cuando leo busco también (sin buscar, sólo con la deliciosa sorpresa de encontrar inesperadamente), busco palabras, materia prima no sólo de la obra literaria sino de la naturaleza más humana de los hombres.
Leo, por ejemplo, “No son cuentos” de Max Aub (Ed. Huerga & Fierro) y a la devastación del alma que producen estas magistrales historias de nuestra Guerra Incivil (y esa tercera España venida al mundo sólo para sufrir) se une el placer insultante de que su autor me haga acudir al diccionario treinta o cuarenta veces. Y allí, descubriendo la precisión y sonoridad de esas palabras que desconocía, comprendo la fortuna que recibí apenas de adolescente cuando empecé a escribir por leer (a Pessoa, a Yourcenar, a Cohen, a Calderón…). Pues ser partícipe del milagro del alfabeto con el que se forman miles de palabras es como ser siempre niño y hacer magia ante los amigos, sacando de la chistera conejos, o sea, palabras en un texto…
Gozad de estas palabras, y son sólo algunas, que en apenas ocho cuentos, cien páginas, se me descubrieron como un tesoro invalorable: zollipar, reburujón, carcavinar, acezar, ahélito, morra, toletazo, bitongo, atafagar, azacaneo, bojeo, helgado, runfla, tesis (¡su primera acepción!), abertal, jorfe, heñir, lubricán… Conceptos que me obligan a usar frases enteras y que sin embargo se pueden expresar, con absoluta perfección con una sola palabra. Pero ya lo dice Pérez Andújar, sobre el que ahora vuelvo: “Las palabras son siempre más completas, mejores, que su definición”.
Mi favorita, encontrada no sé dónde: cazcalear. ¡Quién no conoce y/o sufre en su trabajo a quien toda la jornada no hace sino cazcalear…!
Leer en estos días a Pérez Andújar me ha sacado de mi adversidad paralizante, me ha puesto manos a la obra, recordándome que “la escritura es inmediata y urgente, y hay que hundir la cabeza en ella como quien la sumerge en un cubo lleno de tinta, para, si es preciso, ahogarse en literatura, porque puede que luego ya sea demasiado tarde para ahogarse en nada”. Y “es necesario escribir, es preciso dejar constancia, en un afán notarial de levantar acta de la vida, acaso ya intuyendo que la democracia de la historia reside en que no sólo la escriban los vencedores…”. Y “pedalear y escribir son un mismo acto, se escribe como se va en bicicleta, sin buscar ir a ninguna parte, sólo por el gusto de mantener el equilibrio, y mantenerse en equilibrio y mantenerse vivo son una misma cosa…”.
En fin, valgan estas digresiones, en el fondo, para haber recomendado los libros de Max Aub y Javier Pérez Andújar que he mencionado más arriba (“el libro que estamos leyendo vale por todos los que queremos leer”). Max Aub, fallecido, supongo que no se quejará por ello o lo hará en esa baja, humilde voz suya de siempre por la que los españoles lo hemos leído tan escasamente. Y Javier Pérez Andújar espero que entienda que mi admiración (que tiene, claro, dosis tóxicas de envidia por no saber escribir lo que él) es, sin embargo una admiración sincera, serena. Admiración de dar, no de pedir. Una admiración que querría ser como la de Verne por Poe, la lealtad entre escritores, que sirve para escribir.
Yo, así lo he hecho. En la última página de uno de sus libros, he escrito este conato de poema que sin tener que ver con lo que en su obra escribe él, sé que no habría salido de mi corazón a través de mi mano sin leerle. Escribo porque leo, ya lo he dicho:
que no sabe dónde irá a morir,
y sigue caminando bajo el sol.
Es esa la dignidad que hoy me queda,
la del prescindible moribundo. Hay días
en que aparto del camino los recuerdos
fingiendo que avanzar es dar mis pasos.
Pero en el silencio interno de mi sombra
sé que yendo a lo que voy es regresar.
Porque mi historia es la de la soledad
de quien no tuvo familia, sólo libros.
Tengo una tristeza de oso blanco extenuado
que no encuentra un iceberg donde pararsey bracea sin cesar árticos mares
sabiendo, sin saber, que cuando falten
fuerzas, ilusiones y banquisas, se hundirá.
Como solo quien a nadie tiene se hunde.
Sin remedio, ni testigos, ni un amor,
ni un amigo o una familia que no hubo.
Así avanzan,
el oso, el elefante,hacia su muerte.
Hacia su muerte y saben
que nunca han existido, ni siquiera
en el sueño de algún sueño, porque fueron
niños pero no tuvieron más cómplice
que su propia soledad de libros
en los alféizares vacíos del estío.
(© Jaime Alejandre, 2012, inédito)
Leer. Leer es salvarse. Si a fin de cuentas la vida es –será- un naufragio, leer es salvarse. Leer, lo dice Pérez Andújar. Como sea. Leer. “Atreverse a leer al margen de lecciones y de castigos, elegir un prestigio propio frente al prestigio común, aprender que un lector es un héroe solitario, y que hay más democracia y más libertad en el individuo que lee, que en la multitud que atiende”. Y entonces comprender que leer nos permitirá un día, en ese naufragio que es, lo sabemos, al final, toda existencia “constatar que lo definitivo no es más fuerte que uno mismo”.
Salud y República, jaime alejandre
04 mayo 2012
Nuevo libro (digital) de Madame Daudet
Como véis, pese a la debacle mundial que estamos sufriendo, aún quedan motivos para insistir en la existencia. Leer a Elvira es, sin duda, uno de los más deseables... jaime alejandre
20 abril 2012
Manuel Longares, "Romanticismo"
Hace un año y pico conocí a Manuel Longares. Su personalidad me impactó. Un hombre bien conocido en este mundo (opresivo a veces) de las Letras, que publica en las grandes editoriales de este país y que ha obtenido importantes premios y reconocimientos y que, pese a todo ello, conserva un halo de timidez, de bonhomía y de humildad que debería ser modelo para tanto mediocre escritor investido, no se sabe por qué bula, de vergonzante soberbia.Al poco tiempo me leí su libro “Romanticismo”, que me dio una decena de buenas razones para sentirme bien en el mundo como lector. Y, como en nuestra civilización cristiana occidental toda serie de diez puede resumirse, cual los mandamientos, en dos, reduciré mi sentimiento en dos ideas: mi admiración por su obra y mi resucitada esperanza por la literatura contemporánea española.
En efecto, si una obra compleja, con un lenguaje preciso y elevado, con frases que, lejos de la moda de lo telegráfico, se “atreven” a usar el relativo en párrafos largos que tanto encierran en sí; si una obra como la de Manuel Longares, sin concesiones, fue premiada por la Crítica y leída por tantos españoles, es que no todo está perdido. Allahu akbar!
“Romanticismo” me ha parecido una magnífica novela (escaso valor el de este juicio procediendo de un diletante, pero es lo que
hay), galdosiana en el mejor sentido del término, pues en Galdós todo es lujo. Una novela que entra sin miedos en la realidad y en la emoción y además lo hace con un humor inteligente de ese que sólo genios como Jardiel eran capaces de poner en tinta junto a sentimientos de los que agarrotan el corazón y cortan el aliento.Un texto que, ambientado en la primera Transición, sin embargo tiene realidades absolutamente contemporáneas que ayudan a entender el día de hoy (extraordinario crisol de personajes donde por ejemplo las “sirvientas” filipinas son un hecho absolutamente actual). O la persistencia de los satisfechos, los triunfadores, (Página 478 de mi edición en “Punto de Lectura”), esos tipos “sexta generación de abogados del Estado” –¡¡conocí a un tipo que se autopresentaba así!!- que en verdad siguen ganando la Guerra y la Posguerra Civil todos los días…
Desbordante en el trascurso de los acontecimientos que narra Manuel Longares, de repente, cuando el escritor tiene ya confiado y sonriente al lector, hace un magistral cambio por diagonal, como dicen los jinetes, y aparece ese juez rojo y ese casanova y la amargura más cervantina se hace dueña de la novela para hacernos comprender que nos están mostrando la naturaleza humana, la individual y la colectiva, la personal y la histórica.
Y en la intraliteratura de esta novela uno encuentra además instantes de esos que, como sólo algunos de Zweig o de Nerval, ya no se le olvidarán al lector a pesar de los miles de libros leídos apenas para la desmemoria y el olvido. Me refiero, a una secuencia magistral, la del encuentro en Viena Capellanes. Un momento estelar que jamás olvidaré (páginas 150-51 ¡!) y del que no doy más señas para no despanzurrarlo al lector que gracias a estas líneas tal vez acuda a la novela de Longares.
En fin, novela que también en otras secuencias se vuelve antológica, descabellada, jardeliana: la muerte de Máxima es “simplemente” un desbordante ejercicio de sabiduría humana y literaria escrito además como si nada, como si fuera fácil decir lo que Longares dice y cómo lo dice.
Y es que Manuel Longares borda la atmósfera de tristeza sin “titulares” (páginas 430-31) la historia ridícula, pigmea de los que son perdedores no porque nunca ganan sino porque ni siquiera juegan.
Personajes que se meten hondamente en el corazón de uno: esa Pía cuya tristeza es la de lo que fue imposible y sin embargo una tristeza que no se la llevó por delante. Como a tantos anónimos vencidos resistentes que se ven (nos vemos) reflejados sin duda en tus páginas.
Frases líricas de espeluznante contundencia, especialmente porque no se dicen al buen tuntún sino sólo después de haber creado (cual taumaturgo inalcanzable) un personaje: “abrió el armario de la ropa como si se rompiera el corazón por la mitad” (página 379).
Concluyo. Se dice en esta novela que estamos “obligados a salvarlo de la caducidad y de otras especies de ingratitud…”. Por ello quiero expresamente agradecer aquí a Manuel Longares la generosidad de escribir una novela como esta haciendo caso omiso de lo que supuestamente demandan los editores y más supuestamente aún quieren leer las gentes. Gentes que, en el fondo, cuando tienen la oportunidad de sortear en una gran superficie las pilas de inanes historias de espadas de luz, templarios impostados e intrigas infantiloides y encontrar una historia intensa, inteligente, emocionante, no dudan un instante en preferir a Longares antes que a cualquier Dan Brown…
Lapayèse, un personaje de la novela, sabía que “el corazón es la coartada de nuestra ignorancia”, pido por tanto la indulgencia del autor, Manuel Longares, por mis comentarios. Por eso, porque tras mi ignorancia simplemente está el corazón con el que los he escrito, felizmente abrumado por su obra.
jaime alejandre
Libros para vivir
queridos amigos, aprovechando un acceso de serenidad de espíritu coincidente con tiempo libre, he decidido trascribir en este blog algunos comentarios de libros que me parecen joyas imperecederas. Compartiéndolos con vosotros volveré a sentir el placer primigenio de su lectura y espero que os sirva para encontrar, no sólo libros que tal vez algunos desconozcáis, sino, como a mí, motivos para seguir viviendo con la intensidad que merece esta apasionante travesía que llamamos vida.Para empezar lo haré con un libro que tampoco yo conocí ni leí en su momento, que alguien me recomendó y no tengo palabras suficientes para agradecérselo. Que nos descubran a tiempo una lectura es uno de los pocos milagros que uno debe añorar con irreductible fe.
Después de este libro (“Romanticismo”, de Manuel Longares) con el que empezaré los erráticos comentarios de esta sección de mi blog, incorporaré tanto descubrimientos recientes (Rafael Soler) como viejos compañeros de mi viaje que llegaron a mí hace más de treinta años (M. Youcenar, A. Camus…).
Espero que os sean de utilidad mis diletantes pensamientos y a mí me renueven la felicidad que siempre encontré en sus páginas gracias a las que comprendí un poco la naturaleza humana y la del mundo…
jaime alejandre
21 marzo 2012
Presentación novela inédita de Emilia Pardo Bazán
"Aficiones peligrosas": una novela que Emilia Pardo Bazán escribió a los 13 años, publicada íntegramente por primera vez.El manuscrito autógrafo fue entregado por la autora a José Lázaro, formando parte en la actualidad de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano.
El jueves 22 de marzo a las 11:30h, la Fundación Lázaro Galdiano dará a conocer la novela "Aficiones peligrosas", escrita por Emilia Pardo Bazán con tan sólo 13 años y que ahora coeditan la Fundación Lázaro Galdiano, la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán y Analecta editorial. Con esta novela se inaugura la colección Textos inéditos y olvidados.
Esta novela, en la que la escritora reivindica el papel moral de la literatura y el derecho de la mujer a formarse y a crear, se publica a partir del manuscrito autógrafo de Emilia Pardo Bazán, que se encontraba disperso en la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano. Gracias a este hallazgo, que tuvo lugar en el año 2004, la novela, ahora reconstruida y ordenada, se publica por primera vez completa, ofreciéndonos una edición basada en la versión original de la autora.
PARTICIPARÁN EN LA PRESENTACIÓN:
D. Juan Antonio Yeves, Director de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, hablará de los manuscritos e impresos de Emilia Pardo Bazán existentes en la Fundación y D. Jesús Rubio Jiménez, Catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, expondrá el significado de esta novela en la producción literaria de Emilia Pardo Bazán. También estarán presentes D. Javier Jiménez, Director de Analecta editorial y Dña. Elena Hernando, Directora de la Fundación Lázaro Galdiano.
Jueves, 22 de marzo a las 11:30h
Edificio "La España Moderna"
C/ Serrano 122. Madrid
* Durante el acto se expondrá el manuscrito autógrafo original de "Aficiones peligrosas", junto con otros manuscritos e impresos de la autora conservados en la Institución.
* Se entregará un ejemplar de la publicación a los asistentes.
Visiones de la Crisis
Releyendo este fragmento de un poema de Miguel Galanes pensaba en la Crisis... jaime alejandre
¿Y si ahora, en verdad, yo no estoy en casa,
y, sin saber yo que estoy ausente, alguien
con insistencia llama a mi puerta
y apresuradamente le abro, miro
y me dice que toda la ciudad está ardiendo,
que las calles no existen, me pregunta
por cualquier salida, por sí mismo,
por todo lo que ha olvidado, quién es,
y se da cuenta de que, en verdad, quien
le abrió la puerta no está en casa,
que nadie responde al fatal auxilio,
que los ríos son nada mucho antes
de llegar al mar, que nadie lo atiende?...
(Miguel Galanes, "El viento me hizo", Signos, 2010)
¿Y si ahora, en verdad, yo no estoy en casa,
y, sin saber yo que estoy ausente, alguien
con insistencia llama a mi puerta
y apresuradamente le abro, miro
y me dice que toda la ciudad está ardiendo,
que las calles no existen, me pregunta
por cualquier salida, por sí mismo,
por todo lo que ha olvidado, quién es,
y se da cuenta de que, en verdad, quien
le abrió la puerta no está en casa,
que nadie responde al fatal auxilio,
que los ríos son nada mucho antes
de llegar al mar, que nadie lo atiende?...
(Miguel Galanes, "El viento me hizo", Signos, 2010)
(Fotografía M. Muñoz, 2012)
14 marzo 2012
Presentación revista Mordisco

Queridos amigos, os reenvío la invitación a la presentación del número 5 de la revista Mordisco, dedicado al fenómeno "migrantes". Será en La Tabacalera de Lavapiés, el sábado 17 de marzo, a las 20h. Rogamos den difusión al acto entre posibles asistentes y por los medios a su alcance.
Conciertos, poesía y más: en Madrid este sábado 17 de marzo
Conciertos, poesía y más: en Madrid este sábado 17 de marzo
Presentación de la revista Mordisco número 5: monográfico Migrantes
Ya está en las calles el número 5 de la revista Mordisco, en esta ocasión bajo el título MIGRANTES. Desde el ensayo, la poesía, la narrativa y las artes plásticas, más de ochenta creadores han acudido a esta invitación a pensar, sentir y expresarse en torno a las migraciones en su sentido más amplio, en lo real y en lo simbólico. Haciéndonos eco de la editorial de este número: “Esto es un mordisco a las conciencias de quienes apoyan o no cuestionan las fronteras, los muros, las vallas, las leyes de extranjería, la persecución, el racismo, las redadas policiales a sin papeles o la explotación maquillada con que el capitalismo ha hecho caja históricamente a costa de los migrantes. Queremos ser voz de los derechos de quienes reclaman un pedazo de tierra, donde poder labrar sus días y construir un techo bajo el que guarecerse del frío y las tormentas; peticiones amparadas por Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dicta en su artículo 13: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.” Y esto es también una celebración de los migrantes, los nómadas y los proscritos, de quienes optaron o no tuvieron más remedio que desarraigar sus vidas de su suelo nativo, y cuya lección de supervivencia debiera ser fuente de aprendizajes en lugar de objeto de repulsa y represión.”Participan: Laura Casielles, Eduardo Romero, Juan José Téllez, Carlos Arce Jiménez, Jesús M. Castillo, Tania González, Pastora Filigrana, Antonio Tienda Rodríguez, Antolín Sánchez Cuervo, Friedrich Manfred Peter, Fernando Gilabert, Pedro del Pozo, Abdellatif Laâbi, José María Gómez Valero, Rubén Martín, Antonio Méndez Rubio, Daniel Bellón, Luis Melgarejo, Enrique Falcón, David Eloy Rodríguez, Manuel Moya, Jaime Alejandre, Chantal Maillard, Alba González Sanz, Beatriz Viol, Juan Antonio Bermúdez, Miriam Reyes, José Viñals, Juan Manuel Romero, Pablo Casares, Manuel J. Ruiz Torres, Joan Manuel Corcino Font, Arturo Borra, Charles Simic, Alberto Porlan, Paul Celan, Jorge Arévalo, María Salgado, Carmen Camacho, Benito del Pliego, Mariano Dagatti, Virginia Villaplana, Laura Giordani, Sara Castelar Lorca, Mª Ángeles Pérez López, Ernesto García López, Daniel Rabanaque, Mª Ángeles Maeso, David Wapner, Andrés García Cerdán, Miguel Ángel Velasco, Edgardo Núñez Caballero, Manuel Fernando Macías, Ventura Rodríguez Collado, Viktor Gómez, Eva Chinchilla, Julio Vélez, Cristino Raya González, Eduardo Galeano, Celia García López, Miguel Ángel Rivero Gómez, José Luis Aznarte, David Franco Monthiel, Miguel Ángel García Argüez, Juan Carlos Cañadas Sánchez, Juan Medina, Arturo Rodríguez, José Luis Cuesta, Pepe Calvo, Rafa Pasadas, Erlan Moraes de Souza, El Roto, Miguel Brieva, Patricio Hidalgo, Manuel Rey Piulestán, Amaranta Pozo, Rocío Alén de Luna y Francisco Moreno Galván.- Madrid, sábado 17 de marzo. Presentación en Centro Social Autogestionado Tabacalera (ver convocatoria completa en el cartel y enlaces). Más info en http://www.revistamordisco.wordpress.com/
Miguel A. Rivero GómezDpto. Estética e Hª de la Filosofía-Universidad de Sevilla-Asoc. Crítica, Pensamiento, CreaciónRevista Mordisco
08 marzo 2012
Fantasmas de mi infancia

Ángela Reyes (Jimena de la Frontera, Cádiz), una de esas bellísimas y dulces personas que todavía quedan, una de esas personas tan necesaria siempre en tiempos de tribulación, y que además es una magnífica narradora y poeta, cofundadora de la resistente Asociación Prometeo de Poesía, ha publicado recientemente un nuevo poemario: “Fantasmas de mi infancia” en la editorial de esas otras dos magníficas personas que siguen siendo Charo y Antonio al frente de la rebeldía vindicarte de su Huerga&Fierro Editores.
El libro es deslumbrante, en especial en estos tiempos de clonación de todo, porque se sale del molde no sólo formal sino también de tono y de tema.
Ya desde el primer poema me he sentido cómplice. Yo recuerdo aún con mucha intensidad y no poca nostalgia al mielero que venía a mi casa de la Ventilla de Madrid a principios de los 70. Verle manejar su paleta de madera redonda y llenar los tarros sin dejar caer una sola gota es uno de los recuerdos visuales más intensos de mi infancia. Y como bien dice Ángela “la vida, al recordarla, duele”, pero cuando se recuerda de la mano de poemas como los suyos, es un dolor a veces bueno. Es curioso pero en Lengua de Signos Española (para personas sordas) el signo de dolor y de dulce con las manos es el mismo sólo cambiando la expresión de los ojos… Por algo será.
La rememoración de un tiempo y sobre todo de la persona de la madre de la autora me parece tremendamente original en estos momentos (y en todos los tiempos; un libro de una hija a una madre es una genuina rareza). Y los poemas de Ángela lo abordan con una sensibilidad exenta de la previsible sensiblería de manera cercana y cómplice para el lector. El poema de la página 41 hablando de las cosas “quizás” innecesarias pero que las tormentas no pueden desvanecer, como una nana “que no hay reloj que la recuerde” pero que a la autora (y al lector) se le espesa en la garganta… es un poema que produce una turbadora nostalgia.
Y ello trufado de versos rotundos que obligan a subrayar el libro sin mesura: “…un hombre / con la misma estatura de Dios envejecido… … con tristeza indecisa…”, “¿Quién se olvida de una mujer / disuelta entre la bruma de los anocheceres, / untada en la brea de viejos marineros, / envuelta en el dulzor de la llovizna…”.
Sensaciones trasmitidas por Ángela con una delicadeza y una precisión lírica estremecedora: “¿Qué voy a hacer si todo lo recuerdo? / Qué parte de mi vida arrojo a los gorriones / y qué otra parte guardo en agua de morera…”
Y poemas completos que se erigen como estandartes de todo el libro (“y 3” página 26). Poemas esenciales de toda poética que se precie como ése también de la página 37 dedicado a su primera maestra de la que no recuerda el nombre. ¡No puedo imaginar ningún escritor que no haya deseado alguna vez escribir este poema!
Poemas inclementes como el alegato que nos recuerda (página 39) que “en todas las familias hay un muerto / que no se queda frío, que no se deja sepultar. / Su nombre se nos pega entre los labios…”. Qué bello poema para incorporar, por ejemplo, a tanta tristeza como necesariamente encierran las asociaciones de Memoria Histórica de cualquier país…
Y cómo no señalar ese estremecedor poema con Salgari (¡mi Salgari! de los piratas de Mompacén) acompañando la conversión en espuma del corazón púber de la poeta…
En fin, enhorabuena por tu extraordinario libro y sobre todo gracias por haberlo escrito.
Sí, Ángela, gracias por escribir. Que no nos falte nunca tu palabra, Jaime alejandre

“Entre mis cosas guardo un viejo libro
más alto que una torre,
a donde me asomaba cuando la pubertad
me puso el corazón lleno de espuma
y en el cuerpo
un vocerío de campana.
La historia que contaba era de ángeles guerreros,
de jinetes hermosos, húsares y piratas
que a galope tendido iban por mi niñez.
Al pasar me rozaban y encendían mi talle
con su mano templada.
Al pasar y mirarme con sus ojos de vidrio
yo me hacía de sal y melancólica.
Madre, cuántos guerreros de Salgari
corrían por las páginas del libro.
Salgari y sus jinetes, Salgari y sus corsarios
y yo tan sola
con todo el peso del amor primero,
doblándome bajo la lluvia;
esa lluvia del hombre, la que empapa
y colma el corazón hasta sus vértices.
La inocencia se acaba con el primer temblor.
Lo demás, es un largo beso
que se adhiere a los labios
y los marca
y los duele con su borde de sable.
Ya no tiemblo,
pero guardo ese libro
que aún no he acabado de leer
por miedo a que se borren los chicos de Salgari,
por miedo a que mis ojos y sus aguas
los disuelvan
y nunca más pueda besarlos.
El libro aún conserva una marca de lumbre
con todos los temblores
que me tuvo en vigilia y fatigada".
(“Fantasmas de mi infancia”, Angela Reyes, Huerga&Fierro editores, 2011)
(Fotografía © Marta Muñoz, 2011, http://www.marmotarroja.blogspot.com/)
El libro es deslumbrante, en especial en estos tiempos de clonación de todo, porque se sale del molde no sólo formal sino también de tono y de tema.
Ya desde el primer poema me he sentido cómplice. Yo recuerdo aún con mucha intensidad y no poca nostalgia al mielero que venía a mi casa de la Ventilla de Madrid a principios de los 70. Verle manejar su paleta de madera redonda y llenar los tarros sin dejar caer una sola gota es uno de los recuerdos visuales más intensos de mi infancia. Y como bien dice Ángela “la vida, al recordarla, duele”, pero cuando se recuerda de la mano de poemas como los suyos, es un dolor a veces bueno. Es curioso pero en Lengua de Signos Española (para personas sordas) el signo de dolor y de dulce con las manos es el mismo sólo cambiando la expresión de los ojos… Por algo será.
La rememoración de un tiempo y sobre todo de la persona de la madre de la autora me parece tremendamente original en estos momentos (y en todos los tiempos; un libro de una hija a una madre es una genuina rareza). Y los poemas de Ángela lo abordan con una sensibilidad exenta de la previsible sensiblería de manera cercana y cómplice para el lector. El poema de la página 41 hablando de las cosas “quizás” innecesarias pero que las tormentas no pueden desvanecer, como una nana “que no hay reloj que la recuerde” pero que a la autora (y al lector) se le espesa en la garganta… es un poema que produce una turbadora nostalgia.
Y ello trufado de versos rotundos que obligan a subrayar el libro sin mesura: “…un hombre / con la misma estatura de Dios envejecido… … con tristeza indecisa…”, “¿Quién se olvida de una mujer / disuelta entre la bruma de los anocheceres, / untada en la brea de viejos marineros, / envuelta en el dulzor de la llovizna…”.
Sensaciones trasmitidas por Ángela con una delicadeza y una precisión lírica estremecedora: “¿Qué voy a hacer si todo lo recuerdo? / Qué parte de mi vida arrojo a los gorriones / y qué otra parte guardo en agua de morera…”
Y poemas completos que se erigen como estandartes de todo el libro (“y 3” página 26). Poemas esenciales de toda poética que se precie como ése también de la página 37 dedicado a su primera maestra de la que no recuerda el nombre. ¡No puedo imaginar ningún escritor que no haya deseado alguna vez escribir este poema!
Poemas inclementes como el alegato que nos recuerda (página 39) que “en todas las familias hay un muerto / que no se queda frío, que no se deja sepultar. / Su nombre se nos pega entre los labios…”. Qué bello poema para incorporar, por ejemplo, a tanta tristeza como necesariamente encierran las asociaciones de Memoria Histórica de cualquier país…
Y cómo no señalar ese estremecedor poema con Salgari (¡mi Salgari! de los piratas de Mompacén) acompañando la conversión en espuma del corazón púber de la poeta…
En fin, enhorabuena por tu extraordinario libro y sobre todo gracias por haberlo escrito.
Sí, Ángela, gracias por escribir. Que no nos falte nunca tu palabra, Jaime alejandre

“Entre mis cosas guardo un viejo libro
más alto que una torre,
a donde me asomaba cuando la pubertad
me puso el corazón lleno de espuma
y en el cuerpo
un vocerío de campana.
La historia que contaba era de ángeles guerreros,
de jinetes hermosos, húsares y piratas
que a galope tendido iban por mi niñez.
Al pasar me rozaban y encendían mi talle
con su mano templada.
Al pasar y mirarme con sus ojos de vidrio
yo me hacía de sal y melancólica.
Madre, cuántos guerreros de Salgari
corrían por las páginas del libro.
Salgari y sus jinetes, Salgari y sus corsarios
y yo tan sola
con todo el peso del amor primero,
doblándome bajo la lluvia;
esa lluvia del hombre, la que empapa
y colma el corazón hasta sus vértices.
La inocencia se acaba con el primer temblor.
Lo demás, es un largo beso
que se adhiere a los labios
y los marca
y los duele con su borde de sable.
Ya no tiemblo,
pero guardo ese libro
que aún no he acabado de leer
por miedo a que se borren los chicos de Salgari,
por miedo a que mis ojos y sus aguas
los disuelvan
y nunca más pueda besarlos.
El libro aún conserva una marca de lumbre
con todos los temblores
que me tuvo en vigilia y fatigada".
(“Fantasmas de mi infancia”, Angela Reyes, Huerga&Fierro editores, 2011)
(Fotografía © Marta Muñoz, 2011, http://www.marmotarroja.blogspot.com/)
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